Columnistas

La clasificación

En este panorama de clasificaciones, las mujeres ocupamos la categoría de las más explotables

La Razón (Edición Impresa) / Julieta Paredes

00:00 / 17 de mayo de 2015

El presente artículo no trata sobre el fútbol o la selección boliviana y las probabilidades que tenemos de clasificar al próximo Mundial, sino que busca discutir sobre la clasificación que usa el sistema para explotar nuestros cuerpos y chuparnos la vida.

El sistema patriarcal capitalista utiliza todos los mecanismos disponibles para continuar dominando a la humanidad y a la naturaleza, y si éstos se agotan, crea e inventa otros. Me ocupa en esta ocasión el pensamiento, la clasificación, que hace este patriarcado de las personas por su color de piel, sexo y nacionalidad. Admira de manera horrorosa cómo este sistema de opresiones maquina las formas más crueles de dominación para lograr los objetivos de acumulación de la riqueza que le pertenece a la humanidad en pocas manos.

A partir de la piel clara como parámetro, a la que denomina blanca, el sistema patriarcal crea una clasificación racial según las tonalidades de esta piel nuestra y ubica a quienes tienen la piel más oscura en el lugar del enemigo. El “estatus” de la nacionalidad es otro de los parámetros que utiliza. Quienes habitan y tienen la nacionalidad de los países llamados desarrollados son reconocidos por su nombre: franceses, ingleses, americanos, alemanes, etcétera. El resto de las personas que habitamos al sur somos conocidos como migrantes, y se nos clasifica como migrantes con papeles: “legales” (o sea con permiso para ser explotados), o migrantes “ilegales”, sin papeles, pero con permiso para ser mucho más explotados.

En este panorama de clasificaciones, donde los cuerpos son arbitrariamente puestos en el mercado de la explotación, las mujeres ocupamos la categoría de las más explotables, porque además de parir nuevos seres para la explotación, los hombres explotados no nos consideran sus iguales. Al contrario, ellos se hacen cómplices al exigir de nosotras jornadas de trabajo no pagadas, que generan riqueza para el capital.

La clasificación de los cuerpos para la “mejor” explotación fomenta entre las y los explotados una competencia perversa, aquella de creerse superior al otro y la otra, como una manera de consolarse porque no se es mujer, no se es negra o aún peor porque no se es indígena. La lógica de quién es quién opera estos mecanismos clasificatorios en los Estados, los organismos internacionales y los medios de comunicación, por ejemplo.

Concluyo diciendo que no debe ser una casualidad que Bolivia no clasifique al Mundial de fútbol; tenemos que ponernos las pilas y esforzarnos para comprender que no solo se trata de tener más canchas, como las que impulsa el Evo, sino de saber, discutir y combatir las clasificaciones del mundo patriarcal.

Es feminista comunitaria.

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