Columnistas

El clima, desde Lima

Estamos organizando nuestro suicidio global con un empeño que envidiaría causas más nobles

La Razón (Edición Impresa) / Rafael Archondo

01:50 / 24 de noviembre de 2014

Con esta vez ya sumarán 20, pero, como dirían nuestros cuates mexicanos, no sé si ahora, al fin, “nos caerá el 20” acerca de cuán mal encaminados, vamos. Y es que en las primeras semanas de diciembre próximo, Lima recibirá a miles de delegados, convocados para congregarse en la Vigésima Conferencia de las Partes (COP, por sus siglas en inglés). Será lo que algunos llaman la Cumbre de Naciones Unidas sobre el Clima, o mejor dicho, el cónclave organizado para enfrentar el cambio del mismo, con toda su horripilante secuela de calores, huracanes e inundaciones.

Cada año hay una COP, y cada año, los asistentes duplican sus declaraciones previas, desarrugan sus sonrisas falsas y prometen que “esta vez sí”, en la próxima conferencia, la humanidad logrará salvar su futuro. Los escépticos dicen que desde la COP1, realizada en Berlín, no hemos avanzado ni un milímetro, y que la capital del Perú solo servirá para una re-escenificación del mismo papelón, aunque con el agravante de realizarse al cabo de dos décadas de inmovilismo.

Y es que el tema no aguanta más dilaciones. Los seres humanos estamos organizando nuestro suicidio global con un empeño que envidiaría causas más nobles. Hemos basado nuestra vida, nuestra locomoción y nuestras ansias de futuro en la quema de combustibles fósiles, y con ellos vamos extenuando también el planeta en el que, se supone, vivirán nuestros nietos. Al ritmo que vamos, en 2030, pero casi con certeza en 2100, habremos hecho del mundo un sitio hostil para la vida humana.

Pues he aquí la pregunta del milenio: ¿Por qué si lo sabemos, seguimos cruzados de brazos? Algunos se han inquietado sobre lo mismo, aunque usando palabras más rebuscadas: ¿por qué los hallazgos de los científicos no son recogidos y aceptados por los políticos? 

Aventuro una hipótesis para su amable consideración: porque el desafío del cambio climático confronta a toda la especie humana, y ésta sencillamente no existe. En ese sentido, no puede haber reacción de parte de quien, al no existir, es incapaz de reaccionar.

Me explico. Los efectos del cambio climático son y serán demoledores. Conllevan derretimiento de los polos y los glaciares, ascenso del nivel de los mares, desaparición de países insulares, trastornos sistemáticos en todos los sistemas de vida, escasez de agua potable y el colapso de la selva amazónica. Pues parece que los causantes de tanto desorden no vamos a padecerlo, porque lo que se hace hoy, no se paga mañana. Así funcionan los impactos acumulativos y los desencadenamientos inusitados.

Si existiera algo parecido a lo que solemos llamar “humanidad”, la conciencia culpable ya tendría que habernos quitado el sueño. Si fuéramos un cuerpo unificado, solo saber que hemos desolado el hogar en el que viviremos pronto tendría que provocarnos una reacción urgente y sostenida. Y es que sabemos, que lo que venga, no lacerará nuestra rutina. Parto a Lima, quizás para despedir al clima. 

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