Columnistas

‘Los cojudos’

El texto de Luis Felipe Angell es una crítica o radiografía de la sociedad peruana.

La Razón / Édgar Toro Lanza

00:00 / 15 de abril de 2012

Así titula el libro de Luis Felipe Angell, escritor peruano más conocido como Sofocleto. El texto, en el fondo, es una crítica o radiografía de la sociedad peruana; pero como bien aclara el autor, esta lectura se puede aplicar a cualquier sociedad de los países de la región. Creo que en nuestro país hay muchos que hacen honor a esta palabra tan común y corriente en nuestro lenguaje, pero no la escribimos sólo por miedo a esta sociedad tan “respetuosa”, o como diría Sofocleto, “por cojudos”.

En su intento de buscar el origen de la palabra cojudo, Sofocleto no tuvo éxito. “Cojudo quiere decir cojudo, a secas”, afirma, porque pertenece al patrimonio nacional. “Aquí en el Perú, la cojudez se respira, se huele, tiene color y temperatura, dimensión, forma y hasta sabor diría”, señala el autor. En nuestro medio esta particularidad también aflora cotidianamente.  

El autor señala que el cojudo de arriba se siente criollo, el cojudo criollo se siente de clase media y el cojudo de clase media se siente de arriba, en una legítima ensalada social donde están representados todos los tonos, ya que tenemos cojudos negros, blancos, mestizos, cholos, extranjeros nacionalizados y demás colores del arco iris, que es el fenómeno más cojudo de la naturaleza. Nosotros diríamos a tono al actual proceso de “cambio” que vivimos. La palabra es tan usada que hasta forma parte de nuestro diario vivir: ¡Qué tal cojudo! (admiración) ¡Por cojudo…! (reflexión) ¡Qué buen cojudo…! (halago) ¡So cojudo...! (definición) ¡Se pasó de cojudo…! (mesura) ¡Este cojudo…! (éxtasis) ¡Yo no soy ningún cojudo…! (orgullo), entre otros cojudos que resalta el escritor.

También se refiere a que la cojudez tiene una raíz democrática, porque lo mismo ataca a las autoridades más importantes como a un ciudadano común. Tan cojudo puede ser un premio Nobel como un analfabeto sordomudo o un dirigente deportivo. “Creo sinceramente que los cojudos son felices. Hacen cojudeces, hablan cojudeces, piensan cojudeces y tienen una vida tan cojuda que nada les podría envidiar una ostra”.

En nuestro país hay alcaldes a quienes se les va la mano en pleno acto público y que entran en esta categoría, al igual que concejalas que justifican el incidente; también hay cojudos que piensan que los de afuera son mejores. Hay dirigentes cojudos que quieren invadir hospitales, hay cojudos que creen que se debe penalizar las protestas, hay medios cojudos, en fin... la cojudez es muy larga para citar a la gran mayoría y este espacio no me permite hacerlo.

Espero no haber perdido mi tiempo en esta columna, como un pobre y triste cojudo.

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