Columnistas

Es el concepto

El problema es dar carta de ciudadanía a una concepción en extremo machista y denigrante.

La Razón (Edición Impresa) / Freddy Morales

00:00 / 17 de septiembre de 2016

Dice el dicho que cada quien sabe en qué palo se rasca. En este caso, cada quien sabe en qué y con qué se frota. Una modelo simula obtener placer sexual frotándose en un sofá. Y por allí, por los sofás, deambula queriendo hacer creer que ese su fetiche sexual le produce placer. Para que queden menos dudas de sus esfuerzos por convencer que la frotación en un sofá da resultado, entreabre los labios, mira a la cámara como si ya estuviese a punto, y pasea su desnudez entre varios asientos.

Las escenas son patéticas. Por ejemplo, por la mala actuación de la mujer desnuda que, aparentemente debido a falta de capacidad actoral, debe mostrarse totalmente en cueros; debe cubrir con su desnudez sus otras deficiencias. Son patéticas la falta de iniciativa y de creatividad para vender, así como el evidente interés de que se hable y debata el asunto en los medios de comunicación. Se trata de un facilismo y de una mediocridad alarmantes, pero no nuevas. Ya cayeron otras en la misma trampa del mismo mediocre, quien no ha dudado en declarar a una televisora que esto de poner en cueros a muchachas angurrientas de popularidad y mostrarlas por la tele les sirve para vivir bien.

Otros también viven “bien” practicando la pederastia, la trata y tráfico de personas y el porno. Nos es difícil imaginar que un canal de televisión pueda convertirse en número uno de audiencia divulgando pornografía. Pero ese primer lugar no será nunca un certificado de creatividad, sino de sinvergüenzura. ¿Qué una mujer desnuda frotándose en un sofá y fingiendo que ya le viene la felicidad vende sofás? Más bien parece la lógica del político mediocre: hagamos que todos hablen de nosotros. No importa si a la mala y con las peores mañas. Hace algunos años, un político que se las daba de creativo recomendaba a sus compañeros “aparecer en los medios, no importa si hablan mal de nosotros, pero que hablen, porque lo peor para un político es que nadie lo mencione. Si no estás en los medios, no existes”.

No me he atrevido a mencionar hasta ahora la palabra publicidad, porque puede llevar a engaños y confusión. Lo que se está pagando para que se emita por YouTube ni de lejos tiene que ver con publicidad. Es apenas una avivada criolla donde ellos ganan (ella, él y quien le pone la plata a ambos). Lo terrible es el concepto. Cuando usas el “cien por ciento cuero”, mostrando en cueros a una joven, se alude, en el mundo masculino, a una mujer con la que puedes hacerlo cuando quieras y como quieras. El lenguaje machista habla de “cuerito”. “Es mi cuerito” (macho orgulloso y satisfecho). “Qué buen cuerito que tienes” (cuando un buen amigo expresa sana envidia). Y este concepto de objeto sexual también intentó convertirse en vulgar piropo: “¡qué cuero!”, y otras derivaciones: cuerito, cuerazo, etc.).

Éste es el problema, el concepto, reproducir, actualizar, dar carta de ciudadanía a una concepción y definición totalmente machista y denigrante, cuando, como sociedad, estamos intentando, con muchas derrotas, que a la mujer la veamos y consideremos como lo que es: una persona.

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