Columnistas

Sin concordia

Las autoridades locales echan por los suelos los sueños de los paceños de retomar el liderazgo.

La Razón (Edición Impresa) / Rubén Ariñez

00:00 / 20 de julio de 2014

Desde muy niño, cuando pisé suelo paceño por primera vez, quedé encandilado por la majestuosidad del nevado Illimani, sus calles empinadas y el carácter amable de la gente. He ahí el motivo por el que tomé la decisión de radicar en la sede de gobierno. Valorando lo gris, pero también lo multicolor de su avatares.

Desde el cese de la “guerra” entre almagristas y pizarristas que luego dio nombre a Nuestra Señora de La Paz, pasando por las revoluciones independentistas que, en La Paz, lideró el mestizo Pedro Domingo Murillo, la desavenencia entre liberales y conservadores en la Guerra Federal, hasta la revolución del 52 y la cruenta época de dictaduras militares en los 70 y principios de los 80, esta ciudad nunca claudicó ante la posibilidad de perder su eterna cualidad: la paz.

No por nada, siete años después de su fundación, que se produjo en 1548, el emperador Carlos V envió a Chuquiapo (como la conocían los indígenas del lugar) un escudo de armas con la leyenda: “Los discordes en concordia en paz y amor se juntaron y pueblo de paz fundaron para perpetua memoria”. Esta leyenda hacía referencia a la paz lograda entre los conquistadores españoles Almagro y Pizarro.

Hoy, sin más reparos y bajo la sombra de la historia y la semblanza de la ingratitud, las autoridades locales echan por los suelos los sueños de los paceños —y de los que no lo somos, pero que lo sentimos­ así— de retomar el liderazgo nacional que sostuvo por muchos años.

Mientras unos ven en el municipio su bastión, los otros, a través del gobierno departamental, reinventan la lucha por la retoma del poder.

Michel Foucault señala que el poder es la relación asimétrica entre la autoridad y la obediencia. Esa es la explicación. ¿Quién es el más fuerte? ¿Cuántos votos obtienes? ¿Quién queda con vida en la lucha encarnizada por defenestrar al otro al olvido social y político? son las temáticas de esta discusión entre los “cuasi hermanos”.

Sin ir más lejos, el miércoles anterior, como sucede desde que los verdes y los azules decidieran soslayar su pacto político en 2009, los actos de conmemoración de la Revolución del 16 de julio se han visto fragmentados, como las tendencias políticas. Dos proyectos de transporte vial, dos verbenas, dos actos de homenaje, dos cabezas ¿Está bien, no? Todo de a dos.

No se les pide cruzar los “ríos de sangre” que los separa. La intención para nada es ésa. Solo se les exige mirar con los ojos de cada ciudadano que habita en esta hoyada. Solo se les pide anhelar, a pesar de los colores, un único sueño: ver crecer y desarrollar a La Paz con un halo de paz, más aún en un periodo electoral sin concordia.  

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