Columnistas

La condesa roja

La nieta de Simón I. Patiño ha dedicado toda su energía y  talento a la lucha contra la pobreza

La Razón / Carlos Antonio Carrasco

01:52 / 25 de mayo de 2013

Hace pocos días, el principal diario francés, Le Figaro, consagró una página a la reseña biográfica de Albina du Boisrouvray, nieta del Barón del Estaño Simón I. Patiño. Se la describe como una aristócrata comprometida con la Humanidad, aunque su estilo de vida y sus orígenes no son paralelos a sus pensamientos políticos ni a la sensible conciencia social que guían sus actos filantrópicos. Pues, por parte de su padre, el  conde Guy du Boisrouvray, primo del príncipe Rainiero de Mónaco, ella está ligada a la nobleza del peñón, además de ser madrina de Charlotte Casiraghi, hija de Caroline.

Una infancia dorada incluye nueve años en Nueva York, que le dejó el dominio del inglés, mientras su vida parisina le regaló la lengua francesa, amén del español, idioma de sus ancestros bolivianos. Productora de cine (22 películas), la dolce vitta se trunca dramáticamente cuando su único hijo, François Xavier, perece en 1986 a sus 25 años, en un accidente de helicóptero mientras cumplía labores de socorro, sobrevolando el rally París-Dakar. “Hay golpes en la vida, tan fuertes, yo no sé”, decía César Vallejo, y el que devastó a Albina la retrogradó a los efluvios de justicia social de sus años mozos, le devolvió un sentido a su vida, a sus posiciones contestatarias de juventud: feminista, izquierdista, ecologista y, sobre todo, libre-pensadora independentista.  Tanto era su fervor en esas causas que su familia materna la apodaba “la comunista” (infiltrada) dentro un clan eminentemente capitalista.

Es entonces que se deshace prontamente de sus activos terrenales. Vende su sociedad cinematográfica, sus valiosos cuadros, sus propiedades y su mobiliario, para juntar 100 millones de dólares, base económica con la que funda la Asociación François-Xavier Bagnoud (FXB), en memoria de su hijo muerto. Desde esos días dedica toda su energía y su talento creador en la lucha planetaria contra la extrema pobreza. Viaja incansablemente por los cinco continentes, instaurando proyectos, recolectando fondos o simplemente esparciendo su bella sonrisa, entre los necesitados de ese aliento espiritual.

Desde su cuartel general en Suiza, orienta iniciativas tales como las aldeas FXB en Burundi, Ruanda, Congo, Colombia, China, Tailandia y Uganda. O sus emprendimientos puntuales para ayudar a los huérfanos de la epidemia del sida. En Bolivia, está presente en Machacamarca, donde un proyecto iniciado hace 15 años ya marcha con vida propia.

Por su labor humanística, fue condecorada recientemente por el Gobierno francés con la Orden de Artes y Letras; y en 2001 recibió la Legión de Honor, en ceremonia donde aprecié su amplio círculo de amistades de la aristocracia, del mundo del espectáculo y de donadores generosos para la labor fecunda de su fundación.

Invitada al Foro Mundial de Davos, en invierno de 2000, por esas coincidencias del azar, en un banquete, la ubicaron al lado del entonces vicepresidente Jorge Tuto Quiroga, quien al percatarse del origen boliviano de su vecina, según me contó Albina, le dijo: “Pensar que mi abuelo escribió contra Patiño y ahora yo sentado al lado de su nieta”; a lo cual ella rápidamente respondió: “Y pensar que yo siempre combatí a las dictaduras, y ahora estoy comiendo al lado del vicepresidente de ¡Banzer!”.

Albina visitó varias veces Bolivia, particularmente Caraza, el villorrio valluno donde nació su abuelo. Con la amistad añeja que es la nuestra, alguna vez conversamos sobre la verdadera genealogía de Simón I. Patiño, porque tanto ella como yo no valoramos las biografías edulcoradas que existen del viejo magnate, y Albina me ofreció una hipótesis sumamente exótica acerca del tema. Pero ésa es otra historia.

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