Columnistas

La contraofensiva neoconservadora

Si esto no es injerencia en asuntos soberanos del Estado, pues se le parece un montón.

La Razón (Edición Impresa) / Pablo Rossell Arce

00:00 / 16 de marzo de 2014

No me estoy refiriendo a los severos problemas que atraviesa la hermana República Bolivariana de Venezuela, ni a la muy severa crisis de Ucrania. No, me refiero a la contraofensiva neoconservadora que nosotros, bolivianos y bolivianas, estamos enfrentando hoy acá, en nuestro propio país, y contra la construcción soberana de nuestro propio Estado laico.

Todo empezó el año pasado, cuando una diputada oficialista, en pleno uso de sus facultades y atribuciones como autoridad, presentó una demanda de inconstitucionalidad contra algunos artículos del Código Penal que penalizan el aborto. Ocurrió entonces un intenso debate en los medios, que obligó a los sectores de la sociedad a decidirse a favor de los argumentos del más retrógrado conservadurismo eclesiástico, o bien a favor de los derechos de las mujeres. Luego de otro debate —imagino— no menos intenso, a puerta cerrada, el Tribunal Constitucional emitió (con voto masculino) un muy confuso fallo que definitivamente veta la despenalización del aborto.

En medio de este panorama, el Ministerio de Salud tenía previsto distribuir con carácter gratuito la llamada “píldora del día después”, como parte de una política pública que soberanamente le corresponde a un Estado laico de América Latina o de Asia, o de donde sea. Resalto “soberanamente” y “laico”.

Hete aquí que la cúpula de la Iglesia Católica alza el grito al cielo, con titular de prensa y noticia a ocho columnas incluida, y exige al Ministerio de Salud eliminar la provisión de la píldora del día después a las mujeres bolivianas, porque es “abortiva”. Si esto no es injerencia en asuntos soberanos del Estado, pues se le parece un montón. Lo sorprendente fue la respuesta (sumisa es poco decir) del Ministerio de Salud: no pasaron ni 24 horas de la solicitud de la curia y se eliminó la entrega de la famosa píldora. ¿A cambio de qué? se pregunta su columnista. ¿Quién se beneficia de que el Estado boliviano, laico y soberano, se doblegue ante la voluntad de una iglesia que está en evidente quiebra moral? Pues no me digan que lo de Ratzinger fue una muestra de solidez institucional; y las víctimas de pedofilia suman y siguen, pese al “espontáneo” y masivo respaldo mediático que recibe el Papa argentino.

Pero sigamos analizando la información. Lo que se dice (erradicad de la faz de la tierra la píldora abortiva) es igual de importante que lo que se calla. Esto nos puede dar pistas acerca de la agenda detrás de la última decisión del Ministerio de Salud. ¿Ustedes vieron a la cúpula eclesial pronunciándose en algún caso de golpiza-seguida-de-aborto que se haya dado en Bolivia? Yo tampoco. ¿Ustedes vieron a algún cura protestando en contra de la descarada y criminal violación que, para más datos, fue grabada por las cámaras de vigilancia de la Asamblea Legislativa de Chuquisaca? Yo tampoco. ¿La Iglesia llamó a conferencia de prensa para apoyar la figura penal del feminicidio? Mis registros indican que no. ¿Hasta dónde, entonces, llega el “compromiso provida” de los hombres de poder de la Iglesia Católica?

¿Qué hay detrás? ¿Cuál es la “agenda oculta”? Ninguna agenda oculta. Al lado de la exhortación que hizo que quede sin efecto la distribución gratuita de la píldora del día después está el mensaje explícito de que las mujeres llevan “inscrita la obediencia en su interior” para que ellas se acostumbren a que “(...) el hombre, en cambio, lleva la vocación de libertad y de la guía” y para que las mujeres “den un paso atrás en sus vidas personales”. Cito y hago paráfrasis de algunos textos del libro Cásate y sé sumisa, publicado y oficialmente auspiciado por la Iglesia Católica, a través del Arzobispado de Granada.

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