Columnistas

El coplazo…

Queda claro que el asunto de las coplas ha servido, entre otras cosas, para visibilizar al racismo en su disfraz de feminismo. Efectivamente, ya nos tenían acostumbrados a mostrarse como libertarias —sin confundirse con libertinas—; ya nos tenían acostumbrados a ser aliadas de todas las causas generosas con la dignidad humana (la cooperación internacional tiene mucho que ver con esto); ya nos tenían acostumbrados a plagar los periódicos con sus artículos en pros y contras, y estaba bien.

La Razón / Idón Chivi

05:21 / 01 de marzo de 2012

Escribían y escriben aún contra el Gobierno y, bueno, qué se puede hacer, la libertad de expresión goza de buena salud. Así como la sotana encubre el racismo, el feminismo —en algunas de sus variantes— también lo hace.

El tema no son las coplas, aquí el tema es otro. El quid del problema es el racismo en su versión de mujer ilustrada, blanca, clase-media alta y clase-media media (en términos de T. Parsons) y con apellido que denota criollaje. Sólo baste indagar en los apellidos de las ilustradas que se horrorizan con las coplas: Ibarnegaray, Machicao, Peredo, etc. Baste indagar sus hábitus típicamente coloniales, los títulos con los cuales se presentan y las formas de su ascenso social y profesional.

Pero el cherry en la torta está en manos de María Galindo, quien no se quedó en el escribir, sino que se fue al Viceministerio de Descolonización y presentó una denuncia contra el presidente Evo Morales y la ministra Nardy Suxo (un apellido aymara por si acaso).

Algunas preguntas, ¿cómo es que la denunciante no sabía el día exacto de la comisión del delito de lesa plaza Murillo agravado por la agresión a la honorabilidad fémina?, al menos esto queda claro cuando se ve el video de la intervención a la oficina estatal. Efectivamente, María Galindo no sabía cuándo había ocurrido el coplazo, no sabía quiénes estaban en el coplazo y en su desconocimiento se presenta a ¿denunciar?

Segundita: ¿Cómo es que María Galindo se vino con dos extranjeros a “filmar” su denuncia, tal como lo atestigua el registro de la puerta de ingreso y el video de referencia?, ¿Quiénes son, a qué se dedican?, ¿Por qué estaban ahí? No contenta con ello, se pone a realizar un reality show con el personal de la Dirección, llevándose la peor parte el director Mario Machicado.

Vamos por el centro del árbol, lo que en realidad pasa es que hay una sórdida disputa por la maternidad del concepto “despatriarcalización”. Por un lado, el feminismo realmente madre del concepto, es decir, Mujeres Creando; y por el otro, una legión de feministas institucionalizadas con mucho interés en lograr pingües ganancias a nombre de las mujeres indígenas campesinas originarias, que asumen la despatriarcalización como el par político de la descolonización.

Estamos muy cerca del 8 de marzo, todas quieren tener su cuota parte en las celebraciones, mejor si se tiene a las “Bartolinas Sisas” de su lado, y si no están al lado, hay que darles palo… El Día Internacional de la Mujer puede ser un momento muy generoso para desvestir al racismo en su versión feminista. Es un buen momento para denunciar su impostura. Pero al mismo tiempo, es un excelente momento para debatir la relación entre descolonización, despatriarcalización, los Derechos Humanos, las culturas populares y las políticas públicas.

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