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‘El corazón delator’

No sólo la investigación criminal no funciona, tampoco la  administración de justicia en general

La Razón (Edición Impresa) / Milton Mendoza M.

04:01 / 16 de diciembre de 2013

Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. Pero, ¿por qué afirman ustedes que estoy loco? De esa manera comienza el cuento El corazón delator, de Edgar Allan Poe, que refleja un episodio criminal, como el que se suscita en todas partes; un asesinato, la cruenta muerte de un ser humano.

El personaje del cuento se delata a sí mismo al asegurar a los policías que mató al viejo, después de escuchar en sus oídos delirantes el recurrente y estruendoso repiqueteo del latido del corazón de su víctima que yacía muerta y enterrada debajo de las tablas de su habitación. El creía que los policías oían también los latidos del corazón del anciano, y al sentirse descubierto, confiesa el crimen. Muchos asesinatos son descubiertos sólo por la confesión de sus autores, locos que, como todos nosotros, se creen cuerdos; evitando a la Fiscalía y Policía la respectiva investigación de estos hechos, y si acaso no son admitidos, lamentablemente quedan ahí, olvidados y sin sentido de justicia.

¿Por qué no se investigan adecuadamente estos hechos tan graves?, ¿por qué no funciona la criminalística para recoger los denominados “testigos mudos” (rastros, indicios y evidencias)? El Estado, a través de sus instituciones encargadas de la investigación criminal, otorga muy poca, si no ninguna importancia a la criminalística, y esta clase de hechos delictivos se suscitan todos los días. Sin embargo, espantosamente el 80% no son descubiertos, y por tanto no existe sanción para los responsables, que en buen romance se llama “impunidad”, no de ficción gótica como la de Allan Poe, sino real, vigente y palpable. Si quieren ejemplos, lancemos algunos, el asesinato del Sr. Bernard Inch o el de Roxana Ríos Dabdou o de los cientos de anónimos cuyas almas aún penan buscando justicia; y sensiblemente el pequeño porcentaje de éxito resulta gracias al “corazón delator”, es decir, al impulso del autor por reconocer el hecho.

Este es un punto ciertamente negativo de nuestra justicia penal, que desde hace mucho tiempo se encuentra desprestigiada, porque no existe una verdadera investigación criminal. Entonces, tal vez tengamos que utilizar el título del cuento de Edgar Allan Poe, El corazón delator, para reconocer que es tan evidente, sonoro y estruendoso el repique de los latidos de la sensibilidad boliviana respecto a la justicia que ya no aguantamos más, y queremos confesar a todo el mundo que no sólo la investigación criminal no funciona, tampoco la administración de justicia en general, que estamos seguros no variará con la inclusión de los “Nuevos Códigos”, que son frívolos instrumentos que ven los problemas de la justicia desde su periferia y con absoluta demagogia. No cambiará el derecho penal boliviano si no existe una investigación eficiente, creativa y efectiva.

Desde las fibras más íntimas de los bolivianos late un corazón delator que irrumpe y desenmascara a la nueva justicia, teñida de corrupción, mediocridad e ingenuidad para quienes pregonan su cambio.

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