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La creación

¿Cómo podemos proteger a nuestros pueblos de ese angurriento devorar del mercado?

La Razón / Julieta Paredes Carvajal

01:17 / 20 de julio de 2012

Cuando veo wawitas recién nacidas me conmuevo. Su presencia diminuta y desafiante enternece mis sentidos. No dejo de maravillarme. Antes de este hecho eran nada, y hoy, de un momento a otro, son, existen, están ahí, moviéndose, llorando, deslumbrando nuestros ojos con su propia versión del cuerpo y de la vida. ¡Quién hizo esa maravilla! Pues las mamás, quienes hacen esa maravilla de crear vidas humanas, desde sus hermosos cuerpos de mujeres embarazadas, cuerpos que cada día se vuelven más fuertes y más vulnerables. Ellas gestan una nueva vida, reproducen, nutren y viven en sus propios cuerpos y vidas de mujeres mamás, la doble consecuencia del crear energías y vulnerabilidad.

Esta realidad de los nacimientos como punto de partida me engancha a la reflexión sobre la creación humana, la creatividad, el arte, la estética de los pueblos. A propósito,  me pregunto si las mamás tendrían la potestad de registrar los derechos de autor (serían derechos de autora) de las vidas ¡Menuda complicación para quienes somos hijas! Mejor dejo aquí esta reflexión, que la retomaré en otro escrito. Quisiera más bien cambiar de acera, ir por la otra vereda sugerida líneas arriba: la creación humana.

El neoliberalismo ha evidenciado la podredumbre de las relaciones de mercado. Si el mercado le pareció a alguien que era o podía ser un impulso a la libertad y a la creatividad, pues hoy no tiene más remedio que tomar posición ante ese devorar y tragar angurriento del mercado, que todo lo convierte en mercancía y productos de consumo, dejando jugosas ganancias para los capitalistas transnacionales. Consumo mercantil de la creatividad; de los conocimientos de los pueblos; de las creaciones de las personas; de las formas de la naturaleza y los paisajes; de los sueños, de las ideas y propuestas para transformar el mundo; plasmadas en poesía, música, tejidos, pinturas, murales, bailes, comidas, colores y formas de los vestidos, libros y demás objetos tangibles e intangibles de la creatividad.

Cabe preguntarse, ¿cómo protegernos; cómo proteger a nuestros pueblos de esta angurria; cómo proteger a la naturaleza de la depredación de sus creaciones cotidianas; cómo, en medio de esta necesidad, escapar del consumo mercantil; cómo, en medio de esta posición política ante las empresas y los empresarios depredadores y explotadores, no confundirnos y privarle a otra hermana, a otro hermano o a otro pueblo de los beneficios de nuestras creaciones?

Las formas que tienen las acciones y el trabajo humano creativo no sólo dependen de la energía empleada individualmente. Siempre vamos a crear en comunidad. No solos ni solas es que vamos a crear. Para entender esto, recordemos cómo las mamás hacen su creación desde el cuerpo, pero se necesita de una sociedad que la ha parido libre para decidir, y de una comunidad que celebre si ella decide ser mamá y que la acoja en su ser mujer creadora de vida, que vuelve a crear al empezar con la crianza de las wawas.

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