Columnistas

El crecimiento y su financiamiento

Un 5% de crecimiento resulta muy modesto en comparación con el conjunto de indicadores

La Razón / Ciudad futura - Horst Grebe López

00:00 / 28 de abril de 2013

Las previsiones del Banco Mundial y de la CEPAL sobre el crecimiento económico de este año coinciden en que Bolivia, con un incremento del 5% del PIB, se ubicará entre los primeros lugares de América Latina. El entusiasmo que ha despertado esta situación entre las autoridades y los observadores sólo se justifica hasta cierto punto, como se argumenta a continuación.

En primer lugar, un 5% de crecimiento resulta muy modesto en comparación con el conjunto de indicadores macroeconómicos, y en particular con el nivel de reservas internacionales y la disponibilidad de liquidez en el sistema financiero. En segundo lugar, a la hora de comparar el comportamiento de la economía boliviana con los países vecinos, conviene recordar que ellos ostentan tasas de crecimiento demográfico menores a las nuestras, motivo por el cual su crecimiento por habitante resulta mayor para una misma cifra de crecimiento general. Esto ha venido determinando que Bolivia acumule un rezago de desarrollo de largo plazo, que es necesario superar mediante esfuerzos excepcionales de aumento de la productividad y la eficiencia en el uso de los recursos disponibles. De no cerrarse la brecha de desarrollo con el vecindario, más temprano que tarde se presentarán inconvenientes de naturaleza geopolítica para nosotros. En tercer lugar, las estimaciones internacionales indican que la reducción efectiva de la pobreza requiere de un crecimiento sostenido de largo plazo de 5% del PIB por habitante, lo que en nuestro caso implica una tasa de aumento del PIB total superior al 7%. Hacia dicha meta deben apuntar por consiguiente todos nuestros esfuerzos.

Las anteriores consideraciones vienen también a cuento en vista del proyecto de ley de servicios financieros, cuya relevancia se explica por sí sola en el contexto de la discusión sobre los requisitos del aumento de la productividad, la reconversión productiva y la superación de nuestra inserción primaria y dependiente en la división internacional del trabajo. La intermediación financiera y el suministro de crédito a los diferentes agentes económicos es ciertamente un componente esencial de cualquier estrategia de desarrollo, pero hay que recordar también que los recursos monetarios que administran los bancos y otras instituciones del sistema financiero no son propiedad de los bancos y menos del Estado. Salvedad del capital propio que la ley establece en un mínimo de 10% de las operaciones bancarias, el 90% restante de los recursos le pertenece a las personas o las empresas que los han confiado a la banca. Proteger esos dineros en su valor y en su disponibilidad irrestricta para sus titulares es por tanto la función primordial de la supervisión y regulación bancaria. Sólo en segundo término se pueden plantear los objetivos de la asignación crediticia a los diferentes usos que determine la política económica. En el texto del proyecto de ley de servicios financieros no se percibe esta prelación con claridad suficiente.

Por otra parte, el cotejo de los objetivos de la nueva ley del sistema financiero con la realidad imperante no deja duda de que hace falta establecer todavía un conjunto de condiciones previas para que el crédito fluya en proporciones suficientes hacia el ámbito rural y al financiamiento de la vivienda popular. Convendría averiguar sin prejuicios por qué eso no ocurrió hasta ahora.

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