Columnistas

Las crías del neoliberalismo

Este sistema de apariencias y abismos económicos ha incubado mucho odio y frustración

La Razón / Julieta Paredes

02:33 / 23 de diciembre de 2011

En las últimas semanas, los medios de comunicación han visibilizado hechos de violencia. Ahora finalizando el año y, creo, finalizando una etapa dentro de este proceso de cambiar nuestro país, me permito lanzar algunos elementos para la reflexión.

Santa Cruz está catalogada como la ciudad más violenta en Bolivia. Examinando a los protagonistas de estas acciones saltan a la vista cuatro hechos básicos: primero, que en su mayoría son hombres; segundo, que están entre los 14 y 25 años; tercero, que son de origen indígena y cuarto, que son pobres.

Quiero relacionar estos cuatro elementos con el importante papel que juega la derecha cruceña en el fortalecimiento y reavivamiento del fascismo con todas sus lacras. Estas huestes fascistas y violentas fueron criadas en el neoliberalismo. Los 25 años de ese periodo fueron muy bien utilizados y dieron los frutos que esperaban. No fue vana la llamada “fin y dilución de las identidades políticas e históricas”, que significó la gran traición a la lucha proletaria y el oportunismo de la democracia pactada. Fueron años cuando las ideas y luchas emergentes, como el feminismo y el indigenismo, fueron atacadas con grandes financiamientos a través de las ONG, dinero usado para comprar y fagocitar el caudal revolucionario que estas propuestas traían.

Eh ahí los frutos: un indio gonista, Víctor Hugo Cardenas, que hoy en día es muy bien recibido por los derechistas y fascistas en Santa Cruz; y un grupo de tecnócratas de género que siguen manejando la gran cantidad de dinero proveniente de la cooperación para las mujeres, y que con sus acciones no le hacen un pellizco al machismo y al fascismo. Es más, algunas de sus exponentes se metieron a asesorar en género a la gobernación de Rubén Costas. Santa Cruz es un muy buen ejemplo de cómo el machismo, el racismo y el clasismo se articulan muy bien. No digo que en La Paz o en El Alto no haya violencia ni fascismo, digo que amerita analizar para esta ocasión las responsabilidades en la ciudad más violenta de Bolivia.

Todo este sistema de abismos económicos, donde la concentración de la riqueza se la ostenta de una manera excluyente y dolorosa contra la mayoría, ha incubado mucho odio y frustración. Tendría que hacerse cargo de sus responsabilidades, ¿no es cierto? En Santa Cruz no es nada extraño que cualquier chango te meta mano, porque los medios de comunicación y las propias familias impulsan a las mujeres a exhibirse, y a los hombres, a acosarlas incluso desde el kínder.

Las crías del neoliberalismo hoy ostentan violencia, aquella que les enseñaron, aquella que ideologizaron y la convirtieron en bandera racista, fascista y discriminadora los del comité cívico; nutriendo a sus wawas de odio; contratando y entrenando a los jóvenes de la nación camba, a quienes convirtieron en héroes de la tele, modelo del joven cruceño al que deberían aspirar los indígenas y “collingas” del plan 3000.

Esta violencia fascista hoy se vuelca contra la misma Santa Cruz. Dirigida contra las personas más vulnerables, niñas y niños, mujeres, ancianas y ancianos, esta violencia se practica con la metodología del waykeo: acosar a una persona entre muchos. Por supuesto que los violentos no buscan enfrentarse de igual a igual, porque así aprendieron, esa fue la metodología de la derecha fascista en las calles cuando acosaron y golpearon  a nuestras hermanas y hermanos indígenas, de manera individual, entre muchos jóvenes cruceñistas con polera verde.

Hoy, los vecinos quieren armarse para defenderse a tiros de los maleantes; yo me pregunto, ¿acaso no pueden darse cuenta lo que le hacen a su pueblo? Dicen amar a Santa Cruz, pero yo creo que la odian, no hay otra explicación a tanta ceguera.

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