Columnistas

No a cualquier costo

La principal preocupación del Gobierno debería ser la sostenibilidad del sector productivo nacional

La Razón (Edición Impresa) / Armando Álvarez Arnal

00:00 / 11 de octubre de 2015

En la semana que termina, tanto el Banco Mundial (BM), como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ajustaron a la baja las proyecciones de crecimiento para 2015 de la economía mundial, sudamericana y boliviana. Las razones de este ajuste serían el bajo crecimiento de las economías desarrolladas; la desaceleración de China, que ha reducido la demanda de materias primas con la consiguiente caída de sus precios; el fortalecimiento del dólar y la creciente volatilidad en los mercados financieros. De acuerdo con las nuevas proyecciones de estos organismos, la economía boliviana crecería 4,0% (BM), 4,1% (FMI) y 4,4% (CEPAL). El Gobierno rechazó esas proyecciones con el argumento de que dichos organismos suelen equivocarse, y reiteró que la economía crecería un 5%.

En el pasado la divergencia entre las proyecciones oficiales y las estimaciones de esos organismos no solían ser tapa de los medios de prensa, pero en esta oportunidad resultan ser relevantes, porque de cumplirse las proyecciones de esos organismos, no se pagaría el segundo aguinaldo por encontrarse por debajo del 4,5% de crecimiento del PIB. Si bien en las dos pasadas gestiones en que se pagó este beneficio el sector empresarial manifestó tímidamente su rechazo, en esta gestión se aprecia no solamente una posición más firme, sino también la inminente dificultad que tendrían algunos sectores para poder pagarlo.

Independientemente de que la economía pudiera crecer por encima del 4,5%, es evidente que la situación por la que atraviesan diversos sectores es bastante distinta a la que se encontraban en las dos gestiones anteriores. Los sectores de hidrocarburos, minería y agricultura han sufrido una importante caída en sus ingresos, debido a que están exportando menores cantidades y a precios significativamente inferiores. Por otra parte, el sector agrícola, que produce bienes para consumo interno, y la industria nacional también están viendo mermados sus ingresos, por la importación legal e ilegal de productos más baratos provenientes de países cuyas monedas se han devaluado frente al dólar estadounidense y el boliviano (Bs).

Desconocer esta realidad a pesar de que la economía como un todo pudiera crecer por encima del 4,5% pone en peligro la sostenibilidad de productores y empresas formales nacionales, cuya situación no se ve reflejada por ese crecimiento y que seguramente además tendrán que asumir un nuevo incremento salarial para el próximo año en un contexto internacional que no parece que vaya a mejorar en el corto plazo.

El principal sector afectado con la coyuntura internacional, la devaluación de las monedas de otros países y el continuo incremento de los costos laborales es el sector formal, ya que el sector informal dedicado principalmente al comercio (que no paga impuestos, no realiza incrementos salariales y tampoco paga aguinaldo alguno), no solo se encuentra en mejores condiciones para enfrentar la coyuntura, sino que puede aprovecharla (de hecho, ya lo viene haciendo) en desmedro de los productos nacionales.

La principal preocupación del Gobierno debería ser la sostenibilidad del sector productivo nacional, que genera empleos formales, cumple con sus obligaciones fiscales (gracias a lo cual la recaudación por tributos se ha incrementado continuamente en los últimos años) y que debe honrar los financiamientos que les han sido otorgados con recursos del público ahorrista y no así el pago del segundo aguinaldo a cualquier costo.

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