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A cuarenta años de Charaña

Sería muy conveniente que nuestro gobierno inicie una política de acercamiento a Chile

La Razón (Edición Impresa) / Ramiro Prudencio Lizón

00:00 / 25 de febrero de 2015

En este mes se conmemora el 40º aniversario de la firma del Acta de Charaña, suscrita en dicha localidad en febrero de 1975, y que dio lugar a la más importante negociación que sobre nuestro problema marítimo se llevó a cabo en toda la segunda mitad del siglo pasado; negociación que de haber sido conducida con más tesón y comprensión, quizás habría dado lugar a que nuestro país se reintegrara al océano Pacífico hace 40 años.

En efecto, el 8 de febrero de 1975, en Charaña se dieron cita los presidentes Banzer y Pinochet, ocasión en la que se emitió una declaración conjunta donde se señalaba textualmente que continuarían el diálogo “a diversos niveles, para buscar fórmulas de solución a los asuntos vitales que ambos países confrontan, como es el relativo a la situación de mediterraneidad que afecta a Bolivia”. Con esa declaración se determinó reanudar relaciones diplomáticas con el fin de iniciar, al más breve plazo, una negociación directa tendiente al logro del objetivo de romper nuestro enclaustramiento geográfico.

Gracias al esfuerzo de nuestro embajador, don Guillermo Gutiérrez Vea Murguía, el primer año de negociación culminó con los mejores auspicios, pues mediante nota del 19 de diciembre de 1975 Chile presentó una propuesta formal de solución. En ella accedía a ceder a Bolivia un corredor al norte de Arica, con continuidad territorial hasta el mar. En compensación, se exigía un canje de territorios, porque, como dijo uno de los negociadores de esa época, no habría chileno que aceptara que se redujese el territorio de su país.

En el corredor estaban incluidos, el ferrocarril de Arica a La Paz, el aeropuerto de Chacalluta y el camino de Arica a Visviri, que está vinculado al de Charaña a La Paz.

En cuanto al litoral, éste comprendía ocho kilómetros de costa, lo que hubiera permitido la construcción de un puerto tan amplio como el de Arica, que abarca solo un kilómetro y medio.

Es menester destacar que la mencionada propuesta del gobierno militar de Pinochet tuvo aceptación de toda la colectividad chilena, política, económica y cultural. En cuanto a nuestro país, desde la segunda mitad del siglo veinte se había mantenido una política definida frente al mar. Así, en las tres principales negociaciones que se realizaron antes de Charaña, una formal, con el gobierno del presidente González Videla; y dos reservadas, con los gobiernos de Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende, el corredor constituía su eje central.

Lamentablemente una feroz oposición al gobierno de Banzer y, por ende, a la negociación que se estaba efectuando con Chile, determinó que ese Gobierno llegase a la insensatez de romper relaciones con ese país, dando con ello fin a la negociación de Charaña, que dio tan importante propuesta de cesión con soberanía.

Ahora bien, cuando subió al poder el presidente Morales, hubo un estrecho entendimiento con el gobierno de la señora Michelle Bachelet; pero la situación cambió prontamente. El gobierno de Morales decidió absurdamente renovar el contrato de venta de gas a la Argentina con una cláusula que prohíbe a esta nación revenderlo a Chile. Eso provocó un profundo resentimiento en la población chilena, al extremo de que se exigió al gobierno de la señora Bachelet de que no cediera ningún territorio a nuestro país. Desde ese momento, dicho gobierno determinó modificar su política, señalando que otorgaría una salida al mar a Bolivia pero sin soberanía.

Actualmente el Gobierno nacional ha presentado una demanda a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya, pidiéndole que obligue a Chile negociar con nuestro país de buena fe una salida al mar. No obstante por muy positivo que sea el dictamen de la CIJ, si las relaciones bilaterales se mantienen tan frías y tan intransigentes como las de ahora, difícilmente se lo podrá cumplir. Por ello, sería muy conveniente que desde ya nuestro gobierno inicie una política de acercamiento a Chile, mediante conversaciones reservadas. Y se tiene precisamente a Charaña como base de cualquier entendimiento futuro.

Es diplomático e historiador.

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