Columnistas

El ‘cuentapropismo’ avanza en Cuba

Las críticas surgen sobre todo por la lentitud en la implementación de las medidas económicas

La Razón / Guillermo Nova

02:43 / 19 de julio de 2012

El profundo plan de reformas económicas impulsado por el presidente Raúl Castro persigue estimular la economía, con una apertura a la iniciativa privada y da más autonomía a la gestión de las empresas estatales.  El sexto congreso del Partido Comunista de Cuba ratificó este rumbo y aprobó más de 300 reformas económicas, que hasta hace muy poco parecían impensables, como la flexibilización del trabajo independiente del Estado, conocido como cuentapropismo, una política de créditos a particulares, la entrega de tierras ociosas en usufructo, la compra y venta de casas y automóviles, entre otros.

El anuncio en 2010 del plan para eliminar medio millón de empleos públicos se frenó, la economía cubana no puede absorber tanto desempleo y, según informes oficiales, en 2011 se suprimieron 140 mil puestos y en 2012 desaparecerán otros 170 mil. Pero esos desempleados no están migrando en bloque al sector privado, hasta febrero había más de 370 mil cuentapropistas, de los cuales el 70% carecía de un empleo fijo con anterioridad, lo cual parece indicar que los nuevos emprendedores en realidad son una salida a la superficie del mercado negro ya existente.

Una de las consecuencias más visibles de las reformas emprendidas es que el sector del cuentapropismo pasó de ser real a ser legal, y ahora comienza a ser visible incluso en espacios otrora reservados al Estado. Un ejemplo es la nueva edición de las Páginas Amarillas de Cuba, que incluirá por primera vez en 50 años a más de medio millar de anunciantes privados. Hasta ahora, los negocios privados para promocionarse apelaban al reparto de octavillas por las calles, a mensajes telefónicos, sitios web, u ofrecer descuentos a los clientes si estampan en sus automóviles adhesivos de los restaurantes.

Tras el triunfo de la revolución en 1959, las diferencias sociales se minimizaron. Durante décadas, el Estado garantizó sin distinción a todos los cubanos un empleo, comida, ropa y hasta la diversión. Pero la desintegración de la Unión Soviética significó la primera fisura en el tejido social. Sin el socio que le garantizaba el 85% de su comercio exterior, Cuba se vio obligada a recurrir al turismo y abrirse a la inversión extranjera. En los 90  surgió un reducido grupo de cubanos que comenzó a tener acceso a las divisas de los turistas, ello, sumado a las remesas de familiares en el exterior, acentuaron las diferencias sociales.

En esta ocasión, las autoridades cubanas aseguran que los cambios en la economía son estratégicos, no tienen marcha atrás, pero que en “Cuba no va a haber una reforma política”, y que no van a permitir la acumulación de riquezas con estas nuevas medidas. No obstante, es inevitable que los cambios generen un incremento en las diferencias sociales. Mientras muchos trabajadores por cuenta propia registran mayores ingresos al relacionarse con el turismo, otros sectores profesionales como médicos, ingenieros o maestros siguen cobrando salarios muy bajos.

Estos primeros pasos han generado incertidumbres incluso entre tradicionales aliados de la izquierda. Por ejemplo, el sociólogo marxista belga François Houtart señaló al diario español La República que el peligro de estas reformas económicas es la creación de una burguesía nacional en Cuba, porque “pensar que esa clase nueva va a servir para dar un paso hacia el socialismo es una ilusión, realmente es un peligro”, afirmó el influyente pensador.

En cambio, la secretaria Ejecutiva de la CEPAL, Alicia Bárcena, en una visita a la isla aseguró a ese mismo medio que veía “con mucho entusiasmo” las políticas tomadas por el país caribeño para “poder cambiar sin rupturas” y en particular para que no se pierdan los logros del sistema cubano como la salud y la educación generalizada para la población.

Las reformas buscan reducir el peso del Estado. El Gobierno asegura que no va a dejar a nadie desamparado, pero las críticas de la población vienen sobre todo por la lentitud en la implementación de las disposiciones económicas. Cada medida es precedida de estudios de factibilidad, análisis de las repercusiones socioeconómicas y pruebas piloto sobre el terreno.

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