Columnistas

El cuerpo es el que trabaja

Hay compañeros en las organizaciones y en el MAS que potencian el capitalismo con todas sus lacras.

La Razón (Edición Impresa) / Julieta Paredes Carvajal

00:00 / 05 de mayo de 2013

La lucha de las y los trabajadores comienza cuando las acciones de las manos y de los cuerpos son alejados de los propios cuerpos para convertirse en mercancías, en un objeto que tiene una vida artificial proporcionada por el burgués, por el patrón, que se beneficia de ese artificio. Esta práctica se fue consolidando a través de la historia de las luchas de la humanidad (cuando digo humanidad estoy hablando de las mujeres también, no se olviden). La lucha contra la esclavitud ha sido una pelea muy clara contra esa apropiación del trabajo humano. Los esclavistas eran y son dueños de los cuerpos, de todas sus acciones, creaciones y sus frutos. Son los dueños de la vida y de la muerte.

Hoy nos parece una historieta referirnos al esclavismo. Pero no, en Bolivia aún hay esclavos y esclavas en las tierras bajas, como en Alto Parapetí. ¡Los hay!, aunque el cardenal Julio Terrazas quiera tapar la realidad con su sotana. Y ni qué decir de las esclavas que son llamadas esposas. En el patriarcado conviven muy bien esclavismo, feudalismo, capitalismo, neoliberalismo y machismo.

Para nosotras, feministas comunitarias, las luchas que nos hablan de cuerpos convertidos en trabajadores se llevan a cabo para que las acciones de las manos, las creaciones y los frutos de los cuerpos regresen a los cuerpos, y se repare el desequilibrio en el que vivimos hoy en día en el planeta. Es un desequilibrio que desarmoniza con la vida, con el vivir bien y con la felicidad. Por eso, al hablar de un proceso de cambio revolucionario no podemos dejar de nombrar las tareas pendientes contra los depredadores de la felicidad, que son los burgueses, los patrones, los dueños de la propiedad privada. Es cierto que se están desarrollando acciones que poco a poco benefician en algo al mundo del trabajo, y que los cambios no se dan de la noche a la mañana.

Mi cuestionamiento se dirige a lo que tenemos en el corazón; en concreto, a dos ámbitos. Uno donde, creo que por miedo, las acciones son muy lentas. El otro es la mística revolucionaria de creer que uno de los problemas es la propiedad privada y la explotación de los cuerpos. No escucho ni veo que de verdad cuestionemos la propiedad privada y la explotación de las y los trabajadores. Es más, dentro del  MAS y las organizaciones sociales, las y los compañeros potencian el capitalismo con todas sus lacras. Necesitamos claridad frente a los capitalistas, burgueses, empresarios, patrones, barraqueros, etc. Necesitamos condenar que su negocio sea no pagar el trabajo, en otras palabras, robar al trabajador. Y no pues sentarnos, como compadres, a planificar políticas públicas. No mamen, preguntarle al ratón cómo cuidar el queso, ¡por favor!

Ser revolucionario no es ser un gritón o un opinólogo, es proponer cómo hacer la revolución. Pero si en nuestro interior no creemos realmente en el mundo que soñamos, si en nuestra vida cotidiana no defendemos nuestros ideales con acciones, luchando contra la explotación y el enriquecimiento  a costa de otros, cómo, ¿díganme cómo?, vamos a lograr el summa qhamaña, ese vivir bien en estas tierras.

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