Columnistas

La cuestión no es Usaid

La expulsión de Usaid del país da un mensaje claro, transparente y, sobre todo, consecuente

La Razón / Gisela López Rivas

00:51 / 24 de mayo de 2013

No se trata de quién ha hecho más o menos consultorías para Usaid. Si la izquierda o la derecha. El debate, la cuestión, el meollo, el nudo, la clave, no está en sumar y restar en las listas de “intelectuales” de la izquierda o de la derecha boliviana que hubiesen estado vinculados laboralmente con Usaid o con cualquier otro programa estadounidense en nuestro país. El asunto es profundo. El mensaje ha sido claro, transparente e inmenso; y sobre todo, consecuente. No sólo consecuente con un partido o con un gobierno (el MAS); o con un Estado; sino, consecuente con la línea ideológica histórica de un líder: Evo Morales.

Evo se pasó la vida sindical luchando contra “el imperio”. ¿No se acuerdan? Olvidémonos por un momento de Evo presidente, y recordemos a Evo dirigente. Toda su lucha sindical fue contra el imperialismo, porque estaba seguro y convencido de que la “guerra contra el narcotráfico” en Bolivia era una guerra contra los productores de hoja de coca solamente y no así contra el verdadero narcotráfico. Estaba convencido que la utilización de policías y militares bolivianos arrasando no sólo plantaciones de coca, sino también dirigentes era una política “gringa” falsa.

El mensaje encarna una política de Estado soberana. Lo demás no interesa. Si a Usaid se la sacó uno o dos años después del país, si tal o cual ministro también trabajó para Usaid son anécdotas.

¿Recuerdan qué pasaba en la embajada estadounidense cada 4 de julio? Ministros, viceministros, senadores y demás políticos en ejercicio esperaban ansiosos la invitación de “la embajada” para el fiestononón. Algunos —los de mayor influencia— dueños y/o directores de medios lograban ser incluidos. Full cobertura de toda la prensa. Los periodistas esperaban afuerita nomás. Registraban quién entraba y quién salía. Sólo podían ingresar los invitados, con invitación en mano. El que no era invitado, era “sospechoso” y candidato a ser “desvisado”.

El colmo fue cuando la embajada decidió hacer su fiesta cívica en Santa Cruz. Se armó la grande. Se construyó una especie de réplica de un poblado del viejo oeste estadounidense y se pidió que los invitados asistan disfrazados de cowboy. ¿Qué tal? ¿Se acuerdan? Tampoco ha pasado un siglo de aquel episodio que hoy debiera avergonzarnos.

Les cuento otra. Un grupo de “selectos” periodistas cruceños (algunos directores y jefes de prensa) eran invitados a “intercambiar criterios” con el Embajador de Estados Unidos cada cierto tiempo. Moría de curiosidad por saber si eso era verdad; porque eran invitaciones “especiales”, personalizadas y muy “reservadas”. Eran almuerzos (al menos al que fui) en hoteles de cinco estrellas. Sin ser jefe ni directora, fui “escogida” para un almuerzo meses después de mi premiación nacional como periodista. La curiosidad mata. Fui. 2006. La embajada aún seguía en Bolivia. Evo ya era Presidente. El tema del almuerzo: el gobierno de Evo, la presencia de venezolanos y cubanos.  Los detalles quedan para otro escrito extenso. Si todo hubiese sido transparente, no había para qué ser tan “reservados” ni tan “selectos”, ¿no?

Este caso pone al desnudo a quienes hoy, desde sus espacios mediáticos, intentan trivializar un hecho histórico y profundo; un mensaje ideológico mundial de un líder, en primer lugar, de un Estado —soberano—; y en segundo lugar,  de un proceso de cambio. Esto cambió.

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