Columnistas

La culpa es de todos

Los humanos nos quejamos de casi todo y, por cierto, la culpa siempre es de los demás

La Razón (Edición Impresa) / Alejandro A. Tagliavini

00:01 / 25 de noviembre de 2014

Los humanos nos quejamos de casi todo y, por cierto, la culpa siempre es de los demás. Pero es una realidad de la vida que las culpas, de un modo u otro, directa o indirectamente, suelen ser compartidas. De las guerras somos todos culpables. Por caso, los hay quienes proclaman la paz (y hasta organizan manifestaciones multitudinarias), pero luego apoyan la prohibición estatal de algunas drogas, lo que conlleva la represión violenta de los que desoyen esta prohibición, con la consiguiente “guerra contra las drogas” con muchos más muertos (más de 200.000 solo en México), terror y encarcelados que muchas otras históricas contiendas.

Barack Obama unos días atrás apenas llegado a China —de modo absolutamente imperial por el costosísimo despliegue logístico que supuso— pidió a las autoridades chinas que abran los mercados, liberen la moneda y respeten los derechos humanos y la libertad de la prensa. Hizo estas declaraciones en una intervención en la cumbre de empresarios, prólogo de la reunión anual del Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC), que reúne a los mandatarios y representantes de esta región que supone más de la mitad del PIB y casi la mitad del comercio mundiales. Más de 1,8 millones de chinos visitaron Estados Unidos el año pasado, señaló Obama, país que contribuyó con $us 21.000 millones a la economía y a la creación de más de 100.000 empleos.

Dicho sea de paso, para justificar sus sueldos, los burócratas se han asegurado de que el tratado de libre comercio tarde unos cuantos años en negociaciones, cuando, en rigor, bastaría con que cada gobierno, unilateralmente y sin necesidad de estas costosísimas cumbres, levantara las trabas coactivas al comercio y la producción. Ahora, tiene razón Obama, pero ¿y en casa? Pide libertad de prensa olvidándose, entre otras cosas, de su persecución a Julian Assange y al soldado Bradley Manning. Y ¿de cuáles derechos humanos habla? Seguramente no de los inmigrantes que, para los racistas, no son personas.

Al festejarse los 25 años de la caída del muro de Berlín, el Papa pidió que sean derribados “todos los muros que aún dividen el mundo”, a la vez que recordó a Juan Pablo II, uno de los principales artífices de la caída del peor “imperio del mal” (la URSS, muy superior al ISIS y a los nazis) sin guerras. ¿Habrán escuchado los presidentes de los países desarrollados, en particular Obama, quien mantiene un “muro de la muerte” en la frontera con México? Solamente en la zona de Arizona fallecieron 122 personas en el último año. Y los del partido republicano, que acaban de ganar las elecciones, prometen empeorar la cosa.

Recordemos que los migrantes internacionales mandarán este año a casa, según el Banco Mundial, $us 435.000 millones. Para países como Tayikistán, estos envíos equivalen al 42% del PIB, así, este envío de fondos es una fuente muy importante de flujos privados para los países en desarrollo. Claramente es más sano aceptar inmigrantes que enviar las clásicas “ayudas internacionales”. De hecho, en 2013 las remesas superaron a la inversión extranjera directa en los países emergentes, excepto China, y fueron tres veces mayor que lo destinado como ayuda oficial al desarrollo.

En fin, hablando de incoherencias y de las promesas de Obama, Guantánamo sigue allí gritándole al mundo que “el Estado de Derecho” es una gran mentira. Es hora pues, de culpar menos y mejorar más.

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