Columnistas

La cultura del odio

Recordar y denunciar los crímenes contra la humanidad y exigir su castigo es un problema nuestro

La Razón (Edición Impresa) / Homero Carvalho Oliva

00:00 / 18 de diciembre de 2014

El título del presente artículo lo tomé prestado de uno de los capítulos (“Post Scriptum: La maldad colectiva”) del libro Klaus Barbie, un novio de la muerte. Vida y crímenes de un nazi no arrepentido, escrito por Peter McFarren en coautoría con Fadrique Iglesias. En uno de los párrafos del mencionado texto se afirma que “a pesar de que el Holocausto se refiere generalmente al genocidio de los judíos, los nazis también persiguieron y mataron a millones de homosexuales, gitanos y miembros de otros grupos que consideraban ‘inferiores, indeseables o peligrosos’”. Algo que define una cultura signada por el odio al otro.

El periodista norteamericano John Enders señala que “el trabajo de Peter McFarren y Fadrique Iglesias es una importante contribución a la literatura historiográfica en relación con los nazis en América Latina, y especialmente en lo referente al papel de Barbie en los regímenes corruptos y brutales de ultraderecha que gobernaron Bolivia en los años 70 y principios de los 80, ofreciendo una visión fascinante dentro del complejo tejido social y político de un país igualmente apasionante”. Claudio Ferrufino-Coqueugniot ha dicho que este libro “es un documento imprescindible para la historia nuestra”, y Miguel Sánchez-Ostiz afirma que es un “libro imprescindible, además de fascinante. Una lucha eficaz contra la desmemoria”.

Y sobre el propio Klaus Barbie (quien en Bolivia se hacía llamar Klaus Altmann), Elie Wiesel, galardonado con el Premio Nobel de la Paz y sobreviviente del Holocausto, durante su testificación en el juicio contra Barbie, en 1987, sentenció que “el asesino mata dos veces. Primero por matar y después por tratar de borrar los rastros”. El poeta Juan Gelman recordó que “a una víctima que detallaba sus crímenes, Barbie le dijo: “Yo no me acuerdo de nada. Si se acuerdan ustedes, el problema es de ustedes”.  Efectivamente: recordar y denunciar los crímenes contra la humanidad y exigir su castigo es un problema nuestro.

A su vez, Mario Benedetti afirma: “por debajo del falso Altmann aparece, en una afinada operación de ‘arrepentimiento’ histórico, el Klaus Barbie de la realidad, y los olvidadores de un aquí cualquiera no se atreven a defender allá al ‘obediente’ que envió medio centenar de niños a la muerte”. No obstante, aun esa invasión del pasado abyecto por la justicia presente incluye un detalle revelador. El falso pasaporte a nombre de Altmann le fue extendido a Klaus Barbie por la CIA, agencia que, con pleno conocimiento de sus crímenes, no tuvo reparo alguno en reclutarlo y considerarlo como uno de los suyos.

A esto habría que agregar el siguiente fragmento de un diálogo: —¿No se arrepiente de nada de lo que ha hecho en la vida?, —No. Personalmente, no, respondió Klaus Barbie, también conocido como el Carnicero de Lyon, en 1983. Sin duda alguna que se trata de un libro necesario, producto de un extraordinario trabajo de investigación que duró varios años, y que por su objetividad y apego a los hechos molestará a alguna gente, porque, entre otras cosas, revela, las relaciones de los grupos paramilitares con los militares y con organizaciones políticas como ADN y la FSB.

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