Columnistas

La danza de morenos en La Paz

Las presentaciones de morenos de otros lugares carecen de aquellos detalles de señorío

La Razón / Félix Layme Pairumani

03:23 / 20 de diciembre de 2011

Dónde se baila con esmero la danza de los morenos. En varios lugares; sin embargo, si hablamos de provincias, en Sicasica se lo hace sin parangón. Para entender este fenómeno cultural, primero es necesario marcar la visión general de las danzas de los morenos. Esta danza consta de bailarines y músicos; en ella, las bandas no cuentan porque son profesionales contratados para la festividad: las mismas bandas están presentes en todas las fiestas y se esmeran en presentarse de manera apropiada para la ocasión.

En todos los casos, los bailarines son residentes aymaras que participan de la danza en las ciudades, pero por lo general van a bailar a sus provincias,  y allí reflejan características regionales. Las fiestas citadinas no son igual que las provincianas; existen diferencias y particularidades propias en cada región. En cuanto a la danza de morenos en la ciudad de La Paz, sobresalen las de la entrada del Gran Poder, imbatible en su presentación; los de 16 de Julio le siguen con esmero, después están los de Cota Cota y Villa Dolores. Los demás, si bien son también espectaculares, no trascienden de su entorno.

Estas celebraciones son de dos tipos: especialidad morenos y danzas mixtas. En las primeras sólo bailan morenos (Sicasica, Guaqui, Taraco, etc.); en cambio,  en las segundas, se presentan todo tipo de danzas (La Paz, Viacha, Pucarani, Huarina, etc.). Además van surgiendo líneas de morenos (Fanáticos y Cocanis).

Para poder valorar a los conjuntos hay que considerar que, en el proceso de la fiesta, algunos elementos internos se desvirtúan y con ello opacan el esmero del conjunto. En algunas entradas no faltan ebrios bailoteando con  máscaras de plumas en la mano,  o morenos que marchan con las máscaras levantadas y las plumas caídas, lo cual desarmoniza y ridiculiza al conjunto. Lo ideal es que los bailarines entren y salgan como estaban ataviados al inicio, y no que entren como carro nuevo y salgan destartalados.

El toque final del moreno es la máscara-plumaje; sin ella, está incompleto. Natalio Tintaya, fanático de los morenos Eloy Salmón, decía: “Cuando se baila moreno, no debe haber fallas. Las plumas tienen que ser como las espigas de la cebada batidas por el viento, una pluma caída lo desorganiza todo”. Los elementos de prestigio también varían en estas entradas. Un solo ejemplo: en las ciudades casi no existen carros de platería como existen en las provincias.

Habiendo visitado varias entradas durante cinco años y, revisado audiovisuales de 2007 al 2011, se constata que entre las danzas de morenos de las provincias Sicasica es insuperable. Sin temor a equivocarse, se puede colocar a los cuatro conjuntos de morenos de Sicasica entre los mejores: Qullana, Kapunuta, Juchusuma y Maka: «Excelencia en morenos del quinquenio» . Su presentación es impecable: pasos, vestimenta, ritualidad de la vida, no tienen comparación. Los pasantes son acompañados por sus familiares, autoridades comunales y carros de platería. A todos éstos les siguen las figuras y los bloques de bailarines de la tropa de morenos, debidamente uniformados, marcando con esmero sus pasos. Fieles a su cultura, responden a su organización social y política. También conforme a su estructura, cada año existe rotación entre los participantes.

Las presentaciones de morenos de otros lugares (sean capitales de provincia o pueblos) carecen de aquellos detalles de señorío. Si bien tienen cinco, seis hasta diez conjuntos de morenos que danzan muy bien, los descuidos del atuendo en el proceso atentan contra ellos mismos.

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