Columnistas

Una debilidad política visible

Los movimientos sociales descubrieron la debilidad del Gobierno: su aversión al diálogo

La Razón / Rubén Atahuichi

03:25 / 20 de diciembre de 2011

Aparentemente, el 64% con que Evo Morales ganó las elecciones de 2009 es historia, el techo electoral que permitió al MAS consolidar un gobierno y una gobernabilidad casi inédita en el país, con dos tercios de votos en la Asamblea Legislativa Plurinacional capaz de impulsar el nuevo aparato estatal a través de leyes y políticas públicas cruciales, y un blindaje político a prueba de cualquier boicot que siempre teme el Presidente del Estado.

Con ese porcentaje de respaldo político, el Gobierno no tuvo mayores complicaciones hasta el conflicto por el Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), aunque el “gasolinazo” de diciembre del año pasado ya había mostrado señales de descontento popular, para muchos el punto de inflexión que derivó inmediatamente en la subida de precios de los productos y la carencia del azúcar.

Si bien esa situación no engendró un movimiento social capaz de debilitar la estructura gubernamental, o vulnerar las políticas públicas, la que sí ocasionó fisuras y preocupaciones en el Gobierno y el MAS fue la marcha indígena, protesta que incluso se contagió a grandes colectivos de activistas y políticos urbanos, ayudada en gran medida por los medios de información. A este fenómeno hay que añadirle los paupérrimos resultados electorales con las que 56 autoridades judiciales fueron elegidas, atribuidas a la supuesta injerencia política del MAS.

Ambos eventos, en mi criterio, obligaron a Morales, al Gobierno y a su partido a improvisar el que fue el Primer Encuentro Plurinacional para Profundizar el Cambio, la llamada cumbre social, que repasó la situación del país y propuso 10 ejes para la agenda gubernamental. Cuestionada desde su concepción, la cita convocó, en su mayoría, a sectores políticos, sociales y sindicales afines al Gobierno, aunque también se sumaron de manera institucional los empresarios privados.

Pudo generar ideas de gestión aquel encuentro, sin embargo, más sirvió para arropar a la administración de Morales de la fuerza política necesaria para salvar eventualmente el vendaval conflictivo que padecía. No obstante, la tregua natural del momento parece ser circunstancial, quizás enero se convierta en el inicio de un año complicado, considerando que los movimientos sociales descubrieron la debilidad del Gobierno: su aversión al diálogo y su facilidad de complicarse por sí mismo creyendo que aquel 64% todavía le es suficiente.

Desde mucho antes de octubre de 2003 que el país es distinto, el pueblo es más sensible ante las arbitrariedades políticas y los abusos del Estado. Ahora es muy difícil que pase otro octubre, y menos con violencia (recuérdese cómo la violenta represión de Chaparina levantó la reacción popular) y si siente que es manipulado, defraudado o decepcionado, es capaz de prescindir de sus propios Gobierno y Presidente, a los que todavía cree que deben liderar este proceso de cambio.

Quizás Morales y su entorno no tienen una lectura correcta de esta actitud. Lo cierto es que, incluso con los resultados de las segundas elecciones municipales de Sucre y Quillacollo, el MAS está perdiendo peligrosamente fuerza, que, de seguir así las cosas, no le va a  ser suficiente para terminar los tres años restantes de gestión. Como analizó Animal Político de La Razón el domingo, a Morales, a su Gobierno y al MAS les hace falta un desarme espiritual. A ver si leen así esta coyuntura.

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