Columnistas

En defensa de las wak’as…

¿Qué se quiere ocultar? ¿Qué es lo que no quieren que vea el papa Francisco a su paso?

La Razón (Edición Impresa) / Esteban Ticona Alejo

02:38 / 04 de julio de 2015

El próximo arribo a nuestro país del papa Francisco ha generado un sinfín de reacciones, desde los más optimistas, quienes piensan que es un Pontífice revolucionario; hasta el reavivamiento de las posiciones más reaccionarias y colonialistas que piensan que su llegada tiene que encontrarnos en un territorio saneado, por no decir extirpado de las idolatrías de nuestros pueblos ancestrales. Así se podría interpretar las declaraciones del Arzobispo de La Paz, quien dijo en pasados días que “el lugar es simplemente algo que está ahí, y no creo que la gente que vaya a saludar en la autopista repare en ello, y mucho menos nuestro Papa. Sin embargo, sabemos que nuestras autoridades están tomando algunas previsiones”.

El Arzobispo se refiere a la mal llamada curva del diablo, situada en el carril de bajada de la autopista La Paz-El Alto. ¿Qué se quiere ocultar? ¿Qué es lo que no quieren que vea el Papa a su paso? ¿Y quiénes son esas autoridades gubernamentales y/o locales que están dispuestos a ayudar a seguir “extirpando ídolos”? ¿Qué pasaría si el Papa ve a la wak’a? ¿Le pasaría algo malo a Jorge Bergoglio?

Está claro que en esa curva de la autopista está la presencia de una wak’a, hoy casi demonizada. Por eso, los que no saben de la espiritualidad de las culturas andinas la llaman “Diablo”. Nosotros sabemos que ahí está una wak’a, entre muchas otras que existen en el mundo urbano como rural andinos.

Es paradójico que hace unos días se celebró el Año Nuevo Andino Amazónico (21 de junio), y los rituales del Willka Kuti se hicieron precisamente en lugares de la wak’a. No sabemos exactamente su nombre (es posible que algunos yatiris lo sepan), pues las wak’as tienen diferentes denominaciones, como Pukara, Illampu, Säjama, Jillimani, etc., por eso dice, pues, wak’a achachila khuyapayapxita (o wak’a achachila protéjanos de todo mal), porque son una especie de “dioses tutelares” de nuestros pueblos.

Sobre la wak’a de la autopista, como se la conoce comúnmente, se han tejido muchas especulaciones, como el decir que se le hacen ritos malignos. Incluso se especula que es adorada por los ladrones y los criminales de toda laya, en fin. En el fondo es una manera contemporánea de seguir apostando a la extirpación de las idolatrías de manera sutil, urbana y en pleno siglo XXI.

Hace poco, el papa Francisco presentó la encíclica Laudato Si (Alabado seas, en italiano antiguo). En ese documento se recuerda la grandeza y la belleza de toda la creación, que debe ser cuidada y respetada por los hombres; así como de la Tierra, que “es una hermana con la que compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos”.

Ante esta convicción ecologista, lo más digno y revolucionario sería que, cuando el papa Francisco arribe a estas tierras andinas, bese a la Pachamama y salude a las wak’a achachilas, pues tendrá una imponente y de frente, como es el apu Jillimani, pidiendo que no le pase nada, y así será. Honestamente no sé si llega a ese grado de conciencia espiritual la apuesta revolucionaria del papa Francisco. Pero las actitudes de los servidores de la Iglesia Católica son funestas, a excepción de algunos curas (el caso de Luis Espinal u otros); pero la gran mayoría piensa que todavía están en nuevas cruzadas, o que hay que ocultar a las wak’as y, por lo tanto, hay que seguir apostando por la colonización espiritual.

Ukhamapï wali jisk’achatakipuniskiwa wak’a achachilanakasaxa. Uka tatakuranaxa chhaqhayañ munapxi, q’al t’unjañ munasipkakiwa.

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