Columnistas

Los defensores ambientales luchan por ti

La Razón (Edición Impresa) / Tribuna - Leo Heileman

00:00 / 20 de agosto de 2017

Los asesinatos contra los defensores del medio ambiente se han recrudecido en los últimos dos años. Estos ataques tienen una honda resonancia para cada uno de los habitantes del mundo: si no garantizamos un medio ambiente sano, ninguno de nosotros podrá gozar plenamente de los derechos humanos.

El año pasado fue el más sangriento para los activistas del medio ambiente: 200 defensores ambientales fueron asesinados en 24 países del mundo, y América Latina fue el escenario de 60% de estos homicidios, de acuerdo con los registros de la organización Global Witness, dedicada a este tema.

No podemos permitir que quienes luchan por nuestro bienestar sigan cayendo en un campo de batalla que trágicamente se va expandiendo a más países de América Latina y el Caribe, una región reconocida internacionalmente por tener la mayor proporción de áreas naturales protegidas. Si no apoyamos la conservación del medio ambiente y la protección de los defensores, será imposible que todos disfrutemos plenamente de los derechos humanos y que gocemos en 2030 del cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

El ecologista brasileño Chico Mendes (1944-1988), asesinado a causa de su lucha, lo expresó así hace más de 20 años: “Al principio pensé que estaba luchando por los árboles de caucho, después pensé que estaba luchando para salvar el bosque amazónico. Ahora percibo que estoy luchando por la humanidad”. La mayoría de los conflictos que ponen en peligro la vida de los defensores ambientales tienen su origen en el extractivismo, las grandes obras de infraestructura y la ampliación de la frontera agrícola. En ese ámbito hay mucho que podemos hacer.

Los pueblos tienen derecho a ser escuchados y a que sus comunidades se desarrollen de manera sostenible, con total respeto a los derechos humanos. Los mecanismos de consulta previa y participación pública con los que cuentan muchos países de la región deben aplicarse a profundidad. Se necesitan leyes, políticas y acciones en el terreno que garanticen el ejercicio de esos derechos.

Pero podemos ir más allá y convertirnos en pioneros en el camino hacia una mayor y mejor democracia ambiental: actualmente, los países de América Latina y el Caribe avanzan en las negociaciones para crear un instrumento regional vinculante sobre el acceso a la información, la participación pública y el acceso a la Justicia en asuntos ambientales, a partir del Principio 10 de la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo. Debemos apoyar este proceso.

En las ciudades, donde vive el 80% de la población de nuestra región, se derrochan los recursos naturales como si fueran infinitos. Desde la perspectiva urbana, podrían parecer lejanas las batallas de quienes son despojados de sus recursos naturales y de sus hogares ancestrales, pero no lo son. Debemos escuchar a los defensores del medio ambiente atentamente. Su lucha vital también es la nuestra.

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