Columnistas

La democracia

‘Si se calla el cantor, calla la vida / porque la vida, la vida misma, es todo un canto’ (Horacio Guaraní)

La Razón (Edición Impresa) / Julieta Paredes Carvajal

00:02 / 27 de julio de 2014

Estas últimas noches estuve viendo por el canal de televisión AbyaYala un excelente programa de análisis de la memoria de las luchas de nuestro pueblo por la llamada “recuperación de la democracia”. Pertenezco a la generación de jóvenes que luchamos contra la dictadura y logramos la apertura democrática, y por eso hoy es tan importante cotejar memoria y tiempo presente.

Creo que en nuestras cabezas ilusionadas había dos cosas que nos rondaban cuando nombrábamos a la democracia allá por los años 80. La primera: no queríamos dictaduras ni milicos. Hasta al heladero, en el atrio de la UMSA, le hacíamos quitar su gorra para que nos venda helados, reflejo del profundo sentimiento antidictatorial y antimilitar que sentíamos. Segundo, la democracia significaba el gobierno del pueblo, como requisito para conseguir el pan y la libertad, figuras metafóricas que nos hablaban de cómo queríamos vivir. En todo este proceso nos acompañó mucha canción (como la de Horacio Guaraní), poesía, teatro, pintura...

A 20 años de aquel momento de la historia de Bolivia y con todas las decepciones, traiciones y a la vez permanencia y consecuencia de lucha revolucionaria, el proceso de cambio nos devuelve al camino, y en los espacios abiertos a través  de la lucha en octubre de 2003 se ha propuesto un de-  safío profundo, refundar nuestro país. En ese camino, en acaloradas discusiones el pueblo decidió insistir en la práctica democrática como instrumento para esta construcción.

La forma en la que las organizaciones sociales empezaron a usar al Movimiento Al Socialismo (MAS) fue un sopapo a la soberbia de los intelectuales de izquierda, en cuyo imaginario seguía parapetada la idea de vanguardia, tan distante de la de movimiento y circularidad de la palabra. Las organizaciones sociales irrumpieron dentro del MAS; al carajo el centralismo; se hizo el pacto de unidad y en las asambleas de las organizaciones se empezó a discutir el cambio de ministros, la política pública, etc., ciertamente también las ambiciones y cuoteos. Con todo y sus devaneos, este primer momento de uso del MAS y uso de la democracia es lo más cercano a aquella ilusión de democracia por la que luchó mi generación.

El proceso de cambio es eso, proceso, y enfrenta hoy otro momento importante, la elección de las listas de candidatos y candidatas para la conformación de la Asamblea Plurinacional. La discusión de fondo es cómo se maneja el poder político, quiénes lo detentan y cómo se nombra a quienes van a efectivizar este poder político durante los próximos años. Por las listas vemos que hay candidatos que no responden a las organizaciones sociales, los paracaidistas o también los llamados invitados. ¿A quién le van a rendir cuentas? Este proceso es del pueblo, y la profundización de la democracia significa efectivizar el autogobierno del pueblo a través de sus organizaciones territoriales, corporativas, culturales. No nos confundamos.

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