Columnistas

¿Y la democracia?

Tal parece que esta generación latinoamericana ha perdido la fe en el mecanismo de representación.

La Razón (Edición Impresa) / Mitsuko Shimose

00:00 / 16 de octubre de 2016

La paz es como la felicidad. Se dispone solamente a plazos y se sabe lo que se tenía después de que se ha perdido”, escribió Gabriel García Márquez en el diario Die Welt, de Alemania, en 1988. Incluso cuando en el país de este fallecido escritor colombiano la paz está ausente, no se la valora, pues tampoco la quieren recuperar. ¿O será que nunca formó parte del cotidiano colombiano?

Un “no” fue lo que le dijo el pueblo cafetalero al plebiscito por la paz. El No se impuso por un margen de 54.000 votos... El mayor deseo de las misses se derrumbó en las urnas. No obstante, el Sí ganó con el 96% en las zonas más afectadas por la guerra, sumando 67 municipios a favor de los 81 en total. Y es que solo rechazan la guerra los que la conocen, mientras que los que la ven de lejos al parecer desean que continúe.

 “Ojos que no ven, corazón que no siente”, reza un dicho popular, porque si bien es cierto que uno tiene que vivir la experiencia para sentirla, también es verdad que se puede ser empático y ponerse en los zapatos de otro ser humano, más aún cuando se trata de un compatriota. Es precisamente por ese “no sentir” que el No ganó, pero no precisamente en las urnas, sino por los desertores que alcanzaron a más del 60%, o sea que 20 millones de colombianos no votaron.

Para algunos, éste fue un error de Juan Manuel Santos, pues era más fácil que promulgase el acuerdo de paz sin consultar a ausentes.

Con esto, los que han decidido no decidir terminaron siendo los que decidieron. Sin embargo, no se trata de culpar a una población que se abstuvo al voto, ni de decir que la democracia fue una conquista que nuestros padres lograron sobre los toques de queda, las desapariciones y los exilios; sino que esta generación latinoamericana ha perdido la fe en el mecanismo de representación... ¿Por qué? Porque no funciona: los que eligen no elegir lo hacen porque no creen que elijan nada.

Pero la paloma blanca volvió a volar por los cielos colombianos gracias al Premio Nobel de la Paz 2016 que Santos recibió ($us 925.000 incluidos, que donó a las víctimas de la guerra interna colombiana) por sus esfuerzos en el proceso para poner fin a más de 50 años de conflicto armado con la guerrilla de las FARC.  

Eso no fue todo, ya que después de eso las delegaciones del Gobierno de Colombia y de las FARC se reunieron en La Habana con el jefe de la Misión Especial de las Naciones Unidas en el país, Jean Arnault, y acordaron un protocolo que afiance el cese al fuego bilateral pactado el 23 de junio. Días después, Santos acordó negociaciones con la guerrilla del ELN. Parece que la paloma se posará en la tierra del café... ojalá que así sea.

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