Columnistas

La derecha existe

¿Qué hay detrás de estas formas veladas de dejar hacer y dejar pasar, a la mejor manera neoliberal?

La Razón / Julieta Paredes

00:21 / 20 de enero de 2012

Hace algún tiempo que miro asombrada cómo gente conocida de la derecha es incorporada en los cargos públicos del actual gobierno. Internamente me digo: —Si esto ocurre con la cara visible del MAS y los movimientos sociales que participan del Gobierno, ni qué decir pues de lo que ocurre con las incursiones en las direcciones medias y de base de las organizaciones sociales. Es probable que yo sea paranoica y exagerada, pero de pronto, cuando hay diversas reuniones de los movimientos sociales, veo caras que otrora fueron grabadas en la memoria para recordar los rostros de nuestros detractores y enemigos del pueblo por derechistas, racistas y mañudos.

Me llama la atención “la apertura” por parte del Gobierno para que los empresarios privados participen del diálogo con los movimientos sociales, pero mucho más que éstos últimos se callen y se sienten al lado de sus opresores y explotadores. ¿Qué nos está pasando? ¿Es que ya se acabó la lucha de clases? ¿Es decir que ya se acabó el trabajo asalariado y la explotación de la fuerza de trabajo y la mano de obra de trabajadoras y trabajadores? ¿Qué hay detrás de estas formas veladas de dejar hacer y dejar pasar, a la mejor manera neoliberal? Ciertamente este hecho muestra que, en el Gobierno y en los movimientos sociales, hay quienes consideran que lo que tenemos con la derecha no son nada más que malos entendidos, esto en el mejor de los casos, o viejas rencillas personales, en el peor de los casos. Estas formas de hacerse a los locos y a las locas no es otra cosa que atentar contra el proceso revolucionario de cambio, o lo que es minar el proceso desde dentro.

La derecha tiene últimamente un lamento aburguesado. ¡No se respeta la propiedad privada! dicen entre gimoteos, pero me parece importante diferenciar el derecho a la propiedad individual o personal del permiso social de la acumulación capitalista, fruto del robo que hace la burguesía del trabajo ajeno y cuya ideología y cosmovisión es de la llamada derecha. En otras palabras, propiedad privada entendida como permiso para robar el trabajo ajeno. Eso no es otra cosa que la plusvalía que el viejo Marx denunciaba. Otra cosa muy distinta es el respeto a la propiedad personal, que es el derecho de poseer el fruto del trabajo de cada uno. O sea, que unos tendrán más y otros menos, pero cada quién obtendrá según el fruto de su trabajo, y no de la explotación del trabajo de otros y de otras.

Puede ser que el hecho de que hermanas y hermanos de los movimientos sociales al entrar dentro del Estado del poder haya provocado, en algunos y en algunas, inseguridades y miedos, pero ya es tiempo de asumir el proceso en las manos y nuestras manos no son las de quienes viven usufructuando del trabajo ajeno. La derecha existe y representa los intereses de nuestros explotadores, masacradores y racistas; son quienes nos desprecian y aunque hoy nos sonrían, son gente que cuida sus intereses de clase y no van a cambiar por el sólo hecho de sentarse a nuestro lado. Es más, si hoy se sientan a nuestro lado, es porque no tienen más remedio que hacerlo, la energía del cambio está de nuestro lado.

No se trata de acabar con la burguesía físicamente, pero si estamos en un proceso de cambio, pues a nuestros explotadores no se los hace participar en nuestros espacios. Se trata de reducir más bien su influencia y su hegemonía  que, a través de la presencia de la derecha en el diálogo del Gobierno con los movimientos sociales, dio un mensaje mentiroso y peligroso, creando una especie de isla de la fantasía donde supuestamente explotadores y explotados comen un mismo almuercito.

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