Columnistas

Cuando la derecha es liberticida

La dictadura castrista difícilmente hubiera sobrevivido tantos años de no ser por   el mérito de EEUU

La Razón (Edición Impresa) / Alejandro A. Tagliavini

00:48 / 23 de diciembre de 2014

Pocas cosas han sido tan estúpidas como las contiendas armadas. La emblemática Segunda Guerra Mundial se hizo con la excusa de terminar con las tiranías y, sin embargo, fortaleció otra peor, la Unión Soviética (URSS), que finalmente fue derribada sin agresiones, demostrando que los métodos pacíficos, incluso en defensa propia, son los más eficientes. Ni qué hablar de la guerra de Vietnam, en la que el Gobierno de Washington sacrificó miles de jóvenes para combatir al “demonio rojo” que hoy se vuelca por propia vocación al capitalismo al estilo de China, con empresas como Coca-Cola y Pizza Hut.

Es que, dice la metafísica aristotélica tomista, la violencia va contra el orden natural y, entonces, solo destruye: jamás se puede construir a partir de ella. Precisamente por eso, la “falta de libertad” (las imposiciones policiales, leyes y regulaciones, del monopolio de la violencia, el Estado, sobre las personas) es negativa. Como las “sanciones” de unos gobiernos a otros que, en rigor, sancionan a sus propios ciudadanos. Por caso, el embargo contra la tiranía cubana significa que el Gobierno de Estados Unidos coarta la libertad de sus ciudadanos para tener cierto tipo de relaciones con la isla.

Entre otras cosas, más allá de la censura castrista, dificultó en gran medida el desarrollo de internet y de la globalización que conlleva y que tanto le ha complicado la vida a los dictadores árabes. La isla tenía un cable submarino, precisamente con Estados Unidos, antes de 1959, para llamadas telefónicas; pero al no poder tener ahora uno de fibra óptica, debía establecer sus comunicaciones a través de enlaces satelitales, costosos e ineficientes. Así se vio obligada a aliarse con Caracas, que financió un cable de unos 1.600 kilómetros entre Venezuela y Cuba.

La dictadura castrista difícilmente hubiera sobrevivido tantos años de no ser por el mérito del Gobierno de Estados Unidos. La invasión de Bahía de Cochinos fue una excelente ayuda para que Fidel pudiera justificar su militarismo, mientras que el embargo ha ayudado a aislar aún más al pueblo cubano dentro de su isla-cárcel.

Hay dos cosas por demás interesantes en este episodio. Quedan al descubierto los liberticidas de derecha, que hoy se oponen a dejar a los ciudadanos en libertad de relacionarse con los cubanos como les plazca, que le han hecho un doble y gran daño a la humanidad y a la libertad. Por un lado han promovido de manera alevosa el cercenamiento de las libertades, a la vez que, con su falsa prédica libertaria, han deformado la idea de libertad al punto que hoy grandes sectores de la sociedad la repudian.

La otra cosa interesante es el desenmascaramiento de los intelectuales racionalistas de la derecha, que creen que el mundo se mueve solo con ideas construidas a partir de la razón humana, por tanto, las ideas expresadas por una persona no son solo su discurso y sus intenciones teóricas, sino su accionar efectivo y real, y de aquí las consecuencias de su existencia: una persona sería lo que dice —según cada uno interpreta— y no lo que efectivamente hace. Pues esta derecha, con este criterio, ha atacado duramente al Papa por sus discursos que serían su accionar concreto que, según ellos, es contrario a la libertad. Pero resulta que Francisco, con mucha valentía, ha promovido la libertad de los inmigrantes que esta derecha quiere coartar y ha trabajado para que los ciudadanos norteamericanos tengan la libertad de relacionarse con los cubanos. 

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