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¿Y por qué la derecha se queja de Castro?

El día en que Occidente deje de apoyar a la tiranía saudí quizás el EI se debilite hasta desaparecer

La Razón (Edición Impresa) / Alejandro A. Tagliavini

00:00 / 08 de mayo de 2015

Los humanos estamos interrelacionados (es “la comunión de los santos” diría la Iglesia Católica) de modo que cada cosa que hacemos fluye y tiene consecuencias sobre el resto, como cuando caen las fichas de un dominó. Así, en alguna medida, todo lo que ocurre en el cosmos es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros. Y por ello, la mejor solución para los problemas es empezar por corregirnos personalmente, porque es más realista y porque, como la violencia (incluso en los casos de defensa propia y urgente) solo destruye, coaccionar al otro empeora las cosas.

Los terroristas del Estado Islámico (EI) aterrorizan con sus salvajes decapitaciones. Y los gobiernos occidentales los tienen por enemigos, pero a su vez apoyan (y se apoyan) en la tiranía saudita, que es la principal proveedora ideológica y material del extremismo islámico, como el del EI. Arabia Saudí, además de ser la principal financiadora de mezquitas por todo el mundo (muchas de las cuales son escuelas de fanatismo), decapita alegremente.

Solo en los primeros tres meses de 2015 la monarquía saudí decapitó a más de 50 personas. Durante todo 2014, condenó a la decapitación a 87 personas, así es que en solo tres meses superó la mitad de lo ejecutado durante el año pasado. Pero las atrocidades van más lejos. Por caso, en enero las autoridades sauditas detuvieron al hombre que grabó la decapitación de una mujer birmana declarada culpable, por un tribunal islámico, de abusar sexualmente y de asesinar a su hijastra de siete años. Según el diario Okaz, un miembro de las fuerzas de seguridad que participó en la ejecución fue el que grabó la decapitación con su teléfono móvil de manera encubierta, posteriormente fue detenido en La Meca y ahora deberá comparecer ante un tribunal militar y otro islámico. La grabación muestra a la mujer gritando mientras la arrastran por la calle, luego cuatro agentes de la Policía la sujetan antes de que un verdugo la decapite con tres golpes espada.

Semanas atrás, por otro caso, Mohammed al-Bajadi, miembro de uno de los pocos grupos de derechos humanos en Arabia Saudita, fue condenado a diez años de prisión. Según The Guardian: “Bajadi enfrentó acusaciones como la adquisición de libros prohibidos, la organización de una protesta de las familias de los presos y la publicación de material que podía perjudicar el orden público”. Raif Badawi, otro activista, fue condenado a 1.000 latigazos por “insultar al Islam”. Ni en la Cuba de la cruda dictadura castrista pasan estas cosas.

Sin embargo, Arabia Saudí ha justificado su intervención en Yemen por el peligro que suponía la presencia de Irán (chií) en su frontera, a través de la milicia de los Huthi. Empero, la amenaza más inmediata para el reino siguen siendo los yihadistas suníes, según admite el gobierno. Pero hete aquí que, de los 93 presuntos terroristas cuya detención se anunció hace unos días y que estaban vinculados con el EI, al menos 77 son ¡ciudadanos saudíes! Además, la operación en Yemen está beneficiando a Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA) ante lo que la tiranía saudí se limita a afirmar: “No estamos contentos con ello”.

En fin, el día en que los gobiernos occidentales dejen de apoyar a la inhumana tiranía saudita probablemente el EI se debilite hasta desaparecer, aunque, claro, no les conviene a los fabricantes y traficantes de armas que sobornan a los gobernantes. 

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