Columnistas

Las dos derechas, ni brújula ni rumbo

El divisionismo, otrora enfermedad infantil de las izquierdas, ha cruzado de vereda.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Bajo

23:36 / 12 de marzo de 2019

Uno: para ganar una elección presidencial, un candidato debe tener un programa y un proyecto de país, debe ofrecer la posibilidad de un futuro mejor. ¿Cuál es la idea de las dos derechas bolivianas, una en el occidente y la otra en el oriente? ¿Tienen una propuesta alternativa real o juegan al escondite y nos están mamando? ¿Pasa su modelo por volver al neoliberalismo y sus fatales consecuencias sociales? ¿Pasa por dar continuidad a las medidas aplicadas por Mauricio Macri en la Argentina y Jair Bolsonaro en Brasil? Si así fuera, ¿por qué Carlos Mesa y Oscar Ortiz no se animan a plantearlo de frente? Las dos derechas están midiendo los tiempos y no creen (aún) oportuno hacer su declaración de intenciones. Lanzadas a la cancha a jugar por la hábil estrategia de las primarias, apuran el reloj con el peligro de un “walk over” y una goleada en contra en primera vuelta.

¿Es un suicidio reclamar y reivindicar un ideario neoliberal de ajuste, achicamiento del Estado, relaciones carnales con Trump y eliminación de empresas y bonos estatales? ¿Es un tiro en el pie plantear un ideario semejante al MAS pero con otras “formas”? ¿Quién va a votar por la copia cuando puede hacerlo por el original? ¿Qué ofrecen los señores Mesa y Ortiz más allá de la incertidumbre absoluta de una Bolivia bajo su presidencia? ¿Qué plantean más allá de la desgastada consigna del “Bolivia dijo no” y el histérico anclaje democracia-dictadura? Virgencita, virgencita, que me quede como estoy.

Dos: la corrupción ha tumbado gobiernos progresistas de la patria grande. A pesar de los avances sociales del kirchnerismo y del petismo brasileño, las guerras mediáticas trajeron de vuelta a una derecha envalentonada y juramentada para retrasar el reloj de la historia y terminar con los derechos sociales conquistados. La misma táctica se intenta aplicar para sacar al presidente Evo. Pero el tiro está saliendo por la culata. Los casos de corrupción están manchando feo a los políticos... de la derecha. El caso Tersa-Toyosa en La Paz ha llegado a ensuciar la inmaculada alianza Mesa-Revilla, ha dividido a la “comunidad ciudadana” y ha expuesto a las claras el caudillismo del expresidente Mesa (el vicepresidente del FRI, Víctor Hugo Landívar, fue condenado al “gulag” chapaco). ¿Y el dictador era el Evo? Por la casa de los “demócratas” y sus logias (sin pisada más allá del séptimo anillo), la vaina no mejora, chico. El caso Mochilas truncó la carrera del “tapado” José María Leyes (¿es todavía vicepresidente de su partido?), y el caso Cotas (silenciado por la derecha mediática) amenaza con hundir más a la “poderosa” oligarquía cruceña, incapaz de parir un candidato potable y presentable que logre su sueño más mojado: poder político desde La Paz.

Tres: sin programa decente, manchadas por la corrupción, las dos derechas exhiben sin pudor su tercer pecado capital. El divisionismo, otrora enfermedad infantil de las izquierdas, ha cruzado de vereda. La ausencia del señor Samuel Doria Medina (y su poderosa billetera) en la carrera electoral, la desbandada y el enojo (también silenciado) al interior de “su” partido; las peleas por los puestos seguros en la Asamblea Legislativa Plurinacional post-octubre; el penoso abandono que sufre el señor Ortiz por parte de los suyos; la relación aún chirriante del señor Mesa con el oriente boliviano; la “resurrección” de candidatos zombis como Jaime Paz Zamora, Félix Patzi y Víctor Hugo Cárdenas y un largo etcétera son el mejor ejemplo de cómo no hacer (bien) las cosas. Si los asesores gringos y cía. no pueden entender a sus dos derechas, ¿cómo van a hacer para comprender Bolivia?

Cuatro: ¿aspiran las dos derechas a perder de nuevo logrando una victoria pírrica (de mierda, diría el comandante Chávez) con mayoría en el Senado? ¿Su objetivo final, más allá de las mentirosas encuestas, es impedir el rodillo y repartir pegas parlamentarias entre los cuates? ¿Alguien sabe dónde está Mesa? ¿La verdadera batalla será en 2025? El presidente Evo va a competir —en la “segunda parte” del plebiscito— contra el fantasma de las dos derechas (una oposición sin programa es eso, un espectro). El presidente Evo, en octubre, compite contra sí mismo.

* Periodista y director de la edición boliviana del periódico mensual Le Monde Diplomatique. Twitter: @RicardoBajo.

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