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El derecho de asilo encallecido

El derecho de asilo se ha encallecido en algunos países que no pueden llamarse progresistas

La Razón / José Gramunt de Moragas

00:00 / 05 de septiembre de 2012

Un somero repaso de la historia del Derecho revela una continua tensión entre el rigor de la ley universal y su flexibilidad en cada caso particular. Tomando por caso el derecho de asilo, uno llega a la conclusión de que se han dado pasos muy importantes en la consideración de los derechos humanos frente al rigorismo. Hecha esta proposición, trataré de relacionarla con tres casos de asilo político: el del australiano Julian Assange, del boliviano Óscar Pinto y del peruano Raúl Haya de la Torre.

Del peruano Víctor Raúl Haya de la Torre ya me ocupé en un artículo anterior. Estuvo cinco años asilado en la Embajada de Colombia por orden del dictador general Manuel Odría, hasta que la presión internacional, incluso del premio Nobel Albert Einstein, lograron obtener la libertad del político peruano.

Julian Assange, dos meses asilado en la Embajada de Ecuador en Londres por acusaciones de delitos sexuales en Suecia y también por haber difundido informaciones reservadas a través de su artilugio virtual llamado WikiLeaks. Londres tampoco quiere darle salvoconducto.

¿Y qué pasa en Bolivia? El senador Óscar Pinto se vio forzado a pedir asilo en la embajada brasileña en La Paz a causa de la persecución del Gobierno boliviano por las denuncias que el senador había formulado sobre hechos de corrupción de algunas autoridades de nuestro país. Cumplidos más de tres meses, la cerril Cancillería se resiste a otorgarle el salvoconducto para que salga del país.

En el caso de Assange llama la atención porque choca con el sentido pragmático que se les atribuye a los británicos, e incluso a su sistema judicial fundado en la Ley Común flexible y, sin embargo, al australiano asilado se le aplica todo el rigor de alguna ley escrita y codificada opuesta a la flexibilidad pragmática de la Common Law.

Los casos citados revelan que todavía queda mucho terreno por ganar en la aplicación concreta de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Una parte del mundo jurídico aún está por asimilar lo dicho el siglo pasado por el gran jurisconsulto italiano Francesco Carnelutti: “Una cosa es castigar para redimir y otra cosa es castigar para vengarse”. En los casos citados en esta columna, ¿de qué castigo se habla?”. Más bien habrá que convenir en que esta guerra fría diplomática responde a las órdenes de los autoritarismos de turno. Por eso me extraña más que los ingleses sigan las mismas pautas.

No me sorprende que esto ocurra, dado que el espíritu de revanchismo está más difundido que el de la tolerancia. Y lo que fue un valioso aporte de la cultura jurídica latinoamericana; es decir, la adopción del derecho de asilo en la legislación de muchos países de la región, —Bolivia incluida— no ha llegado todavía a escribirse en algunos códigos. Y si se inscribió, todavía queda alguna cancillería recalcitrante y retrógrada que le niega el salvoconducto a Pinto. Mantienen una suerte de guerra fría diplomática que no hace ningún bien a nadie. Así es como el derecho de asilo se ha encallecido en algunos países que no pueden llamarse progresistas.

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