Columnistas

El descuartizador

Todas las sociedades erigen sus monstruos, y de ellas depende conocer su origen y saber cómo evitarlos

La Razón (Edición Impresa) / Milton Mendoza M.

00:01 / 08 de mayo de 2015

En el verano de 1816 en Villa Diodati (Suiza), a orillas del lago Leman, iba a iniciarse el capítulo más brillante en la historia de la literatura de terror. El grupo allí reunido (Lord Byron, el Dr. Polidori, Percy y Mary Shelley) se fijó un extraño desafío: escribir la historia de horror más extraordinaria que jamás haya existido. Cada uno tomó la parte del guante que podía calzar y, al cabo de unas semanas, de allí salió Frankenstein, de Mary Shelley, así como también el primer vampiro hecho novela del Dr. Polidori; es decir, el no nacido y el no muerto.

De aquellos días a la actualidad, la descendencia de los monstruos de nuestra literatura universal no ha hecho otra cosa sino aumentar en número y atrocidades. Sin embargo, pese a la genialidad de los escritores antes citados, el horror que vivimos los habitantes de las ciudades del país, y en particular de La Paz y El Alto, supera con creces a la ficción.

La revelación de un crimen espeluznante descubierto “accidentalmente” el 27 de abril por la Policía, en un patrullaje de rutina en la zona Garita de Lima, pone en evidencia la absoluta falta de políticas de seguridad ciudadana que puedan erradicar o al menos enervar la delincuencia y la inseguridad en las calles paceñas. Que un ciudadano, Clemente Choque Condori, cuyo nombre y apellidos no son los más apropiados para un descuartizador, camine de madrugada con una cabeza y miembros superiores desmembrados en un maletín, mientras el resto del cuerpo de la víctima aguarda pacientemente en una oscura habitación al otro lado de la ciudad para realizar el mismo paseo en una bolsa de plástico, parece más propio de una película de terror del más sádico director de Hollywood.

Asimismo, el hecho de que el recientemente descubierto fanático de la disección lleve un registro de sus víctimas, pues no otra cosa significa que entre sus enseres personales se hayan hallado varias cedulas de identidad, y que haya podido desarrollar su “trabajo” científicamente y sin ningún apuro, interrumpido solamente por el azar, pone en evidencia el abandono en el que vivimos por parte de las autoridades encargadas de la seguridad pública, así como también la falta de profesionalidad y equipamiento de la Policía Nacional.

Y es aún más lamentable que el Ministerio Público haya decidido cerrar el caso con el anunciado “procedimiento inmediato”, como si no hubiesen motivos para profundizar la investigación, conocer su origen, patología, causas, recurrencia, es decir, el estudiar el fenómeno criminal que rodea el hecho.Todas las sociedades erigen sus monstruos (Colombia tuvo a Luis Garavito, La bestia; y la Unión Soviética a Andrei Chikatilo, personajes dignos de investigación forense), pero de ellas depende conocer cuál es su origen y cómo podemos evitarlos.

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