Columnistas

El desorden económico global

La crisis financiera global tuvo su origen en el proceso de desregulación del mercado financiero

La Razón / Gabriel Loza Tellería

00:32 / 20 de abril de 2013

Hace mucho tiempo estaba de moda hablar del Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI), denominación inventada por las Naciones Unidas en 1974, como expresión del reclamo de los países subdesarrollados o de la “periferia” a los desarrollados o países del “centro” respecto a las reglas de funcionamientos de la economía internacional, básicamente expresadas en la Organización Mundial del Comercio (en esa época el famoso GATT) y el infaltable FMI, como expresión del viejo orden internacional que había ignorado la situación especial de los países en desarrollo.

Hoy en día, 40 años después, tenemos la necesidad de Otro Orden Global (OOG), como expresión del reclamo de los países emergentes al desorden de los países adelantados respecto a la ausencia de reglas de funcionamiento del movimiento de los capitales financieros y de la fuerza de trabajo a nivel mundial.

En efecto, la crisis financiera global que se arrastra desde 2008 tuvo su origen en el proceso de desregulación del mercado financiero y la liberalización del movimiento de capitales financieros a nivel internacional, iniciado por los países desarrollados e impulsado por los organismos financieros internacionales. Esta crisis originada en el “centro” tuvo su efecto en la denominada “periferia”, con un impacto menor que muestra un desacoplamiento parcial que en realidad expresa la nueva configuración de interrelaciones económicas y financieras y políticas a nivel mundial. Se ha conformado una multipolaridad económica y política, frente a la bipolaridad de la Guerra Fría y a la dominancia de los países del “centro”. Ahora existen varios centros: los tradicionales EEUU, Europa, Japón, Rusia y los nuevos como, China, India, Brasil y los países emergentes asiáticos y latinoamericanos. Además, la ideología dominante del libre mercado, que se había adueñado de las esferas culturales y políticas y separada de la sociedad, ha sido cuestionada y han surgido experiencias alternativas de un nuevo relacionamiento entre Estado sociedad y mercado y, por último, el poder de EEUU ya no es omnipresente ni todopoderoso, puesto que incluso para ejercer la hegemonía militar requiere de un poder económico que aparece más debilitado que nunca.

Sin embargo, la otra crisis, del desempleo, resultante de las políticas de ajuste para hacer frente a la crisis financiera, ha tratado de pasar desapercibida. Las políticas anticrisis volvieron a hacer a la fuerza de trabajo, como variable de ajuste de la desestabilización económica, a través de menores salarios, mayor desempleo y en especial con el endurecimiento de las normas sobre los inmigrantes. El gasto social volvió a ser la otra variable de ajuste del “excesivo gasto”, por lo que los avances sociales fueron desconocidos, revertidos y el ajuste se expresó en mayor desigualdad, en aumento de la pobreza. Son los jóvenes los que reciben el mayor impacto del ajuste, dando lugar a protestas de los indignados como en los inicios del capitalismo. 

Si bien la crisis en el viejo centro continúa, especialmente en EEUU y Europa, pese a que los encadenamientos son menores con los países emergentes y en desarrollo, no deja de tener un fuerte impacto que se manifiesta en un desorden económico global, donde se carece de instituciones globales que pongan orden a este despelote financiero. Es por eso que sería conveniente llamar a una nueva conferencia mundial para poner en orden a los países “desarrollados”, al capital financiero, a los paraísos fiscales, a las calificadoras internacionales y, en especial, que ponga fin a los abusos al movimiento de la fuerza de trabajo, a los inmigrantes, a través de leyes y reglas indignantes y unilaterales.

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