Columnistas

El desvanecido sueño estadounidense

Los países del norte de Europa son más eficientes que EEUU a la hora de sacar a  la gente de la pobreza

La Razón / Fareed Zakaria

02:27 / 24 de agosto de 2013

Si hay un tema en el que tanto la izquierda como la derecha están de acuerdo es en la crisis de la disminución de la movilidad. El sueño estadounidense en su esencia consiste en que, una persona, sin importar sus antecedentes, puede llegar a tener éxito en EEUU. Hace unas semanas, cuatro economistas de Harvard y de la Universidad de California, en Berkeley, publicaron un estudio pionero sobre la movilidad dentro de Estados Unidos. La semana pasada la revista Economic Perspectives publicó una serie de estudios que abordan la cuestión desde un punto de vista internacional. La investigación se hizo de forma cuidadosa y minuciosa, y apunta hacia una dirección clara. La pregunta es si Washington seguirá esa dirección.

Durante más de una década, se ha documentado que los países del norte de Europa tienen mejores resultados que Estados Unidos a la hora de sacar a la gente de la pobreza. Algunos han desestimado estas conclusiones, y señalaron que no se puede comparar a Estados Unidos con un país étnicamente homogéneo de 5,5 millones de personas como Dinamarca.

Sin embargo, Miles Corak de la Universidad de Ottawa, en su contribución a la revista Economic Perspectives, entiende que puede resultar muy útil hacer la comparación con Canadá, dado que es muy similar a Estados Unidos. Por ejemplo, el porcentaje de canadienses de origen extranjero es en realidad más alto que el porcentaje de extranjeros estadounidenses. Y en una investigación reciente se encontró que la movilidad económica de las personas en Canadá y Australia es dos veces mayor que la de los estadounidenses. Los británicos son casi iguales a los estadounidenses, pero mucho peor que los canadienses y los australianos.

Lo interesante es que muchos de los factores que parecen explicar la variación entre países también ayudan a explicar la variación a través de Estados Unidos. La correlación más importante en el estudio de Harvard - Berkeley parece ser el capital social. A las ciudades compuestas por familias fuertes, grupos de apoyo cívico y una orientación de servicio comunitario les va bien en la movilidad social y económica. Por eso, Salt Lake City (dominada por los mormones) tiene niveles de movilidad que se comparan con los de Dinamarca.

Esto también explicaría por qué las tarifas generales de Estados Unidos son malas; Estados Unidos tiene una gran cantidad de familias rotas, monoparentales y acuerdos domésticos disfuncionales en relación a lo que tienen Canadá y Europa.

La otra característica notable en el estudio de Harvard - Berkeley es el diseño de las ciudades. Los lugares que están divididos —donde los pobres viven lejos de la clase media— tienen un peor desempeño que aquellos que están más mezclados. Esto probablemente tenga que ver con la geografía, es más difícil llegar a puestos de trabajo cuando están lejos. También podría significar que la gente de los barrios pobres termina en un ciclo de escuelas de bajos recursos, alta delincuencia y descomposición social que se retroalimenta. Un hallazgo relacionado es que los lugares con altas poblaciones afroamericanas muestran una baja movilidad de la población blanca que vive allí. El economista Jeffrey Sachs sugirió que esto podría explicarse por el hecho de que en las zonas donde hay minorías importantes, las personas a menudo se resisten a hacer grandes inversiones públicas que podrían llegar a lastimar a todos los que viven en la zona.

En cualquier caso, si bien estos factores son importantes, pueden ser difíciles de cambiar en un periodo de tiempo razonable. El capital social no puede construirse en cinco años. Las ciudades no pueden ser rediseñadas rápidamente para integrar o crear una mayor densidad. Esto conduce al último factor importante en la explicación de la baja movilidad: las políticas públicas. Corak explica que Estados Unidos es el gran valor atípico. En pocas palabras, Estados Unidos gasta mucho menos en la educación y el bienestar de los pobres, especialmente en los niños pobres, que cualquier otro país rico, y esto retrasa sus posibilidades de escapar de la pobreza.

Un informe reciente de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo señala que Estados Unidos es uno de los tres únicos países ricos que gasta menos en los estudiantes que están en desventaja. En gran parte, esto se debe a que los fondos de educación para las escuelas primarias y secundarias en Estados Unidos están vinculados a los impuestos locales a la propiedad. Por definición, los barrios pobres terminan con escuelas mal financiadas. En general, Estados Unidos gasta un montón de dinero en educación, pero la mayor parte es destinada en la educación universitaria o dirigida hacia aquellos estudiantes aventajados.

Existe un debate sobre la eficacia de ciertos programas de educación temprana tales como Head Start. Puede ser que la prestación de ayuda a las familias “en riesgo” —por ejemplo, familias con madres drogadictas—  tiene un mayor impacto en los niños que un programa de enriquecimiento específico. Aunque, claro, la mayoría de nosotros creemos que estos programas de enriquecimiento funcionan. Corak señala que los ricos en Estados Unidos gastan casi 9.000 dólares al año en libros, computadoras, guarderías y campamentos de verano (casi siete veces más de lo que gastan las familias de asalariados de la quinta parte inferior). De hecho, esto es parte de lo que hace que la movilidad sea baja.

Es evidente que los países —y la mayoría de las partes de Estados Unidos— que invierten en gran medida en el cuidado de la salud, la nutrición y educación de todos sus hijos terminan con una escala mucho mayor de oportunidades y acceso. Eso es algo que podemos cambiar. Por tanto, si queremos restaurar el sueño estadounidense, aquí tenemos el comienzo de un camino a seguir.

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