Columnistas

Lo que no dice Andrés

Si me dan a escoger entre el fondo y la forma de la democracia, de lejos me quedo con lo primero

La Razón (Edición Impresa) / Grover Cardozo

00:26 / 07 de mayo de 2015

En una entrevista publicada en el diario Página 7 (19/4/2015), el exdirector de Erbol Andrés Gómez defiende el trabajo que realizó a la cabeza de esa red, afirmando: “Nosotros no estuvimos en contra del Gobierno, en ningún momento; siempre estuvimos a favor de la democracia, de los derechos humanos, que es lo que importa”. Saludando de manera general el trabajo plural y abierto de la red Erbol, pero particularizando el específico estilo político de su exdirector, corresponde realizar algunas puntualizaciones.

Estamos de acuerdo en que existe necesidad de defender la democracia en tanto forma de organización que permite la materialización de importantes valores ciudadanos. Sin embargo, a la luz de los cambios en el mundo (incluido a EEUU con la llegada de un ciudadano negro al poder), no es razonable defender a la democracia pensada ésta solo como un espacio político en el cual se asegura el derecho a la libertad de expresión, el derecho a la pluralidad y a introducir una papeleta a un ánfora cada cinco años.

Si entendemos de manera llana que la democracia es el “poder del pueblo, para el pueblo o con el pueblo”, debemos admitir que el derecho al voto y la división de poderes son cuestiones esenciales, pero no resuelven el problema de fondo de una sociedad con los niveles de pobreza que tiene la nuestra. En materia política y social, Bolivia todavía es una de las sociedades más inequitativas del planeta, porque si bien los de arriba y los de abajo votan y pueden opinar, únicamente los de arriba pueden definir la administración real del poder, ya que poseen los medios de producción y los medios de comunicación.

En estos últimos cuatro años, Erbol y sobre todo Andrés Gómez defendieron la democracia en tanto valor político, pero sin aquilatar adecuadamente los avances que se dieron hacia la democracia económica y social, a partir de políticas sociales como la redistribución de las utilidades de las empresas estatales. Es más, el Gobierno, en su empeño por avanzar hacia una democracia económica, apareció ante los ojos de sectores opositores socavando ciertas libertades ciudadanas.

Andrés debe comprender que si en Bolivia y en Latinoamérica la democracia se queda en el territorio de la formalidad, sin transitar hacia la democracia económica y social, en materia de construcción política y social tendremos más de lo mismo.

La democracia como valor en sí misma probablemente sea válida para EEUU o Europa, pero Bolivia es Latinoamérica, y aquí la pobreza es diez veces más dura que en el norte. Es más, si me dan a escoger entre el fondo y la forma de la democracia, de lejos me quedo con lo primero, que es contenido y realidad. 

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