Columnistas

Las cuatro dimensiones del ayni

Hay que saber hacer el ayni, es todo un arte. Si se cumplen sus leyes, todos estarán en paz

La Razón / Félix Layme Pairumani / La Paz

02:28 / 06 de diciembre de 2011

El ayni, ¿quién lo entiende?”, decía un ciudadano con corbata, y es posible que tenga razón. La reciprocidad andina no se ha explicado en forma completa, ni detallada, ni mucho menos en forma panorámica y, menos aún, se ha difundido de manera didáctica. Si bien Dominique Temple, en sus tres tomos de La Reciprocidad, profundiza el tema, no alcanza a agotar ni a aclarar los tipos de reciprocidad. Los demás autores repiten lo más conocido.

En realidad, para un aymara existen cuatro tipos o, mejor dicho, dimensiones del ayni. Existen dos tipos de aynis tangibles y dos intangibles. Entre los primeros están el que se da en una fiesta y el que se da en privado. Entre los segundos están los semi-visibles (que se da en un ritual) y los invisibles, que se dan también para recibir de forma invisible.

El que se da en una fiesta es el más conocido; es un ayni visible ante la comunidad. Su devolución de igual manera es pública y se da cuando el otro la necesita; por eso se dice que “sólo un sin vergüenza no devuelve el ayni”. Para hacer una fiesta hay que tener muchos aliados comprometidos; es iluso pretender recibir sin haber dado. Los primeros aliados son siempre los parientes, luego, las otras familias creerán y los lejanos confiarán. Entonces, hay que creer y cifrar la fe en la propia familia. Si uno está con problemas con sus familiares, las otras familias no harán alianzas con uno, dudarán de él o de ella.

El otro es el ayni privado y no está ligado precisamente a una fiesta o a lo público. Éste puede ser un trabajo agrícola o un préstamo de dinero u otro bien. Así como la comunicación es de ida y vuelta y el saludo también lo es, en el ayni por el cliente también se baila. En el préstamo, además de devolver, sea con intereses o no, también queda la obligación de prestar cuando el otro lo requiera. Hay que saber hacer el ayni, es todo un arte, es todo un comportamiento civilizado andino. Si se cumplen sus leyes, todos estarán en paz.

El ayni semi-visible involucra a las divinidades. Se da la reciprocidad a la Pachamama, a los wak’a achachilas. El dar es visible y el recibir, invisible. Al dar se quema y esto se ve, pero no se ve el recibir, aunque el yatiri puede diagnosticar o ver huellas. Asimismo, la devolución no se hace tangible sino sofisticadamente, súbitamente a uno le va bien, es el don de las divinidades o el obsequio de los espíritus ancestrales. Éste puede ser individual o colectivo. Si una persona ha dado de forma individual, lo más seguro es que recibirá de la misma forma. Si el ayni con los dioses es en comunidad (como el pedido de lluvia, de buenas cosechas, etc.), la devolución también será cumplida colectivamente; tampoco los dioses son unos sin vergüenzas que no devuelven el ayni.

El ayni invisible es el que se da con los hechos, en la vida, es con la consciencia, depende de hacer mal o bien al prójimo; incluso va más allá: puede ser hasta con las plantas y animales. Hay un proverbio aymara que dice: Janiwa taykaru awkiru kutkatasiñäkiti, kunasa aynikiwa. Y como éste, hay muchos proverbios aymara-quechuas, aquí van algunos ejemplos: “No es bueno criticar los males ajenos”. “No hay que hacer llorar a nuestro prójimo”. “Dicen que todas las desgracias persiguen a los que hacen llorar a sus semejantes”. “No hay que pisotear las cáscaras de la papa, suele hacer enfermar”. “No se debe derramar los productos comestibles, suelen llorar”. “No hay que lastimar a los animales, lloran y hacen enfermar”.

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