Columnistas

Los dioses nos han confundido

Los brasileños no quieren ir contra las leyes bolivianas, a diferencia de los bolivianos.

La Razón / Rubén vargas

00:00 / 15 de abril de 2012

En la Historia Sagrada del Proceso de Cambio —que se inicia hace algo más de 50 años en un pequeño pueblo de pastores de Oruro— el episodio del TIPNIS acabará siendo el equivalente de la historia bíblica de la Torre de Babel: un monarca quiere construir una escalera al cielo y a consecuencia de su insano empeño todos acaban confundidos. La diferencia es que los bolivianos, pioneros también en esta materia, antes de que se acabe la mentada construcción ya vivimos en la total confusión. El galimatías es el nuevo credo oficial. Unos cuantos ejemplos.

El Gobierno ha anunciado su decisión de romper el contrato con la empresa brasileña OAS, encargada de la construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos a través del TIPNIS (para comodidad de los lectores, de aquí en adelante simplemente Torre de Babel). Lo que no ha dicho es que no es una iniciativa propia sino la consecuencia de una decisión de los financiadores de la Torre de Babel —la banca brasileña— que ya no están dispuestos a meter su platita en un asunto cuya legalidad y legitimidad los hechos han puesto severamente en cuestión. Y hasta quizás el asunto ha provocado el enojo de Dios. A tal punto lo han puesto en cuestión que hay una ley vigente que prohíbe expresamente la construcción de cualquier Torre de Babel en el TIPNIS. Los brasileños no quieren ir contra las leyes bolivianas a diferencia de los bolivianos, a quienes les encanta ir en contra de sus propias leyes. ¿Alguien nos entiende?

El Vicepresidente del Estado ha hecho pública la decisión gubernamental en una conferencia de prensa que, al final, sólo ha creado mayor confusión. Al hablar de la ruptura del contrato con la OAS, ha admitido que ese contrato incluye la construcción del tramo II de la Torre de Babel, madre de todas las controversias. Claro que lo incluye, eso es algo “que hasta un niño de tercero se da cuenta”, dijo a los periodistas. El problema es que hasta ese momento el Gobierno había sostenido sistemáticamente lo contrario.

Y una confusión lleva a otra. El Gobierno ha orquestado la consulta “previa” que pretende aplicar a los pueblos indígenas afectados por la construcción de la Torre de Babel sobre la base de que no hay contrato para el tramo II. Evidentemente, si no hay contrato, todavía es posible hablar de consulta previa, tal como manda la Constitución. Por el contrario, si hay contrato —acaba de reconocerlo el Vicepresidente—, no hay tal consulta previa y lo que está en marcha es un adefesio lógico y jurídico al que con un elevado sentido del humor la gente llama “consulta posterior”, o mejor aún “consulta póstuma”. Admitida la verdad —a estas alturas no se sabe si por vocación o confusión— lo más lógico y sensato sería derogar la Ley de Consulta, y a otra cosa mariposa. Pero la Biblia también nos enseña que no siempre los hombres —y a veces ni los dioses— actúan sensatamente. De tal manera que la pretendida consulta sigue no más en marcha.

Para llevarla a buen término se han tomado varias previsiones. Por ejemplo, los marchistas del TIPNIS deben enfrentar un proceso por intento de homicidio al Canciller. En el Protocolo de la Consulta han aparecido como por arte de magia 50 comunidades indígenas en el Conisur. Y el Presidente en persona recorre el TIPNIS regalando pelotas, celulares, motores fuera de borda y prometiendo hospitales y escuelas. A estas alturas, el único regalo de buena fe que podría prometer —ya que estamos bíblicos— es la construcción de un Arca de Noé. Más temprano que tarde, los indígenas la van a necesitar.  

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