Columnistas

La ‘diplomacia de los pueblos’ estadounidense

Estas libertades no son atribuibles a la Convención de Viena, sino a ‘usos y costumbres’, a un patrón de conducta.

La Razón (Edición Impresa) / Juan Carlos Zambrana Marchetti

00:26 / 17 de noviembre de 2017

Después de que el presidente Evo Morales denunció la misteriosa reunión del saliente encargado de negocios de la Embajada de Estados Unidos en La Paz y diplomáticos que acompañarán al nuevo jefe de misión con el expresidente Carlos Mesa, Peter Brennan contestó lo mismo que había contestado en febrero de 2016 cuando fue sorprendido reuniéndose con el periodista opositor Carlos Valverde: que lo respaldaba la Convención de Viena. En aquella oportunidad había añadido que las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Bolivia no eran ya solo de Estado a Estado, sino que el 60% eran con la población civil.

Tomando en cuenta que ni Carlos Mesa ni Carlos Valverde son autoridades electas democráticamente, y que la mencionada Convención de Viena claramente establece una relación de Estado a Estado, las reuniones de la embajada con dichos personajes tendrían que formar parte del 60% de actividades que realiza directamente con la población civil.    

Al respecto, es pertinente recordar que ya desde 2016, cuando la oposición ganó el referéndum contra la repostulación de Morales gracias a la guerra sucia iniciada por Valverde, Brennan justificó su reunión con el periodista y el resto de la oposición con la “Diplomacia de los pueblos”, mencionada también por Evo pero interpretada por el diplomático norteamericano como la facultad que tiene su embajada (representante del Gobierno de Estados Unidos) de vincularse y “cooperar” directamente con la población civil boliviana, apoyando a la parte opositora del “pueblo boliviano”. Nótese que mientras el concepto de diplomacia de los pueblos alude a un acercamiento directo entre pueblos hermanos, los cuales no tienen beligerancias ni intereses de dominación, Brennan lo interpretó como una licencia de su gobierno para eludir al gobierno de Evo Morales y apoyar directamente a la oposición.

Estas libertades no son atribuibles a la Convención de Viena, sino a “usos y costumbres”, a un patrón de conducta, y a la acumulación de “derechos adquiridos” de un país que por su enorme poder económico, político y militar usa su legendario eufemismo diplomático para redefinir sus facultades e intervenir en los países vulnerables.

Para entender este “misterio” es necesario recordar que el principal interés político de Estados Unidos en Bolivia siempre fue derechizar a la izquierda vendida como la del MNR, y reprimir a la izquierda incorruptible. En ese sentido, lo que hacían los diplomáticos estadounidenses al terminar sus misiones en Bolivia era visitar a las autoridades de gobiernos títeres, para presentarles a los nuevos diplomáticos (titereros) y asegurarse de que ambas partes continúen cuidando los “intereses” de Estados Unidos en Bolivia.

Durante el gobierno de Morales desapareció aquella relación de subordinación, razón por la que Washington se inventó en la relación de “pueblo a pueblo”, el mecanismo para hacer directamente con la oposición el trabajo sucio de la contrarrevolución. No hay misterio alguno, por lo tanto, en estas reuniones de Brennan con la oposición, sino descaro y soberbia desmedida. A Estados Unidos no le importa molestar a Morales, lo que le importa es lograr sus objetivos. Es Morales quien tiene ya que dejar sus gastadas amenazas de expulsión y empezar a avivarse al tratar con los gringos.

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