Columnistas

De dobleces en tiempos de dobleteo

La nueva confrontación por el doble aguinaldo renueva la doblez de los  tiempos actuales

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Ernesto Ichuta Nina

02:56 / 06 de diciembre de 2013

Desde aquel 22 de enero de 2006, cada medida económica del Gobierno ha sido más o menos cuestionada, más o menos criticada y más o menos atacada; y a ocho años de gestión, ante el estrechamiento de otros campos, el económico sigue siendo el campo fundamental de confrontación, pero en el que se desnudan ambigüedades de los opuestos.

En ese sentido, el reciente Decreto Supremo 1802, que dispone el pago de un doble aguinaldo a los trabajadores del sector público y privado, ha permitido la reconstitución de aquella ventajista crítica economicista de las acciones del Gobierno, las cuales si bien no aparecen como ambiguamente igualitaristas, al menos aparecen como esquivamente anticapitalistas y antineoliberales. Esto considerando que aquella medida no solamente tendría el defecto de hacer dependiente del dinero una concesión a los que más o menos tienen, sino también de incentivar la acumulación y el consumismo, en una época que para la comunidad de Grinches representa la patética manifestación del capitalismo, por poner en evidencia las graves diferencias económicas que obligan a una gran cantidad de familias a pernoctar en las puertas del estadio para obtener un invaluable juguete de plástico.

Y es que si bien la crítica economicista que agrupa a fatales visiones catastrofistas y posiciones menos alarmistas, pero que de la misma manera de un negro presagio de “quiebra colectiva de compañías, el colapso de gran parte de la pequeña industria, el despido masivo de personal y el catastrófico endeudamiento de las empresas y del propio gobierno para costear su medida”, presagian al menos una inevitable alza en el nivel de la inflación, esta mínima conclusión supone que la concesión del Gobierno carece de sustentos “espirituales” e igualitaristas con los cuales ilusionó en estos tiempos de cambio.

Así, frente a aquella obstinada posición ortodoxa que aboga por el issez faire, laissez passer (dejar hacer, dejar pasar), bajo el aguerrido reclamo de que “así no es como se maneja la economía”, y cuyo credo caracterizó al periodo neoliberal en el que no se debía intervenir el mercado porque mover una pieza de la estructura económica suponía causar su desajuste total, y que por ello mismo agravaron la pobreza y la desigualdad, esos obstinados economistas reacios al Estado intervencionista aparecen alineados con quienes, buscando siempre argumentos para acusar al Gobierno de autoritario, lo encuentran en la amenaza de éste de “meter presos a quienes incurran en la especulación”.

Mas con ello el Gobierno revive su pretexto antineoliberal, presumiendo una medida de justicia social como la manifestación más acabada de las políticas redistributivas del nuevo Estado, pero la cual no sólo se devela como inequitativa, al excluir del beneficio a los “improductivos jubilados”, sino también como clasista, porque en tiempos de supuesto engrosamiento de las clases medias la medida beneficia únicamente a ese 30% de asalariados del país, que frente a la masa de trabajadores informales y por cuenta propia, representan nomás un grupo económica y ahora políticamente privilegiado.

La nueva confrontación entre economistas-resabio de los Chicago Boys, que todo lo cuestionan desde su sitio de confort, y los sociólogos gubernamentales, cuyos términos de justicia y equidad social dependen de su posición de clase, renueva una vez más la doblez de los tiempos actuales. Ello independientemente de aquellos que identifican en la acción del Gobierno una contradicción con su postulado descolonizador, el mero interés electoral y hasta una perversa maniobra de la acción para “exigir voluntariamente” a los militantes del partido en el gobierno donar el 50% de su doble aguinaldo para los gastos de campaña.

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