Columnistas

La duda griega

El problema no se resuelve hasta que no se logre postergar y reducir significativamente la deuda

La Razón / Gabriel Loza Tellería

00:17 / 02 de junio de 2012

No está equivocado el título, si bien se refiere a la elevadísima deuda griega, lo que está en duda es la permanencia de Grecia en la Eurozona. Para los latinos, el tema de la deuda ya no es tan familiar puesto que se remonta a los 80’, durante la crisis por tal motivo en la región. Entonces aprendimos varias lecciones.

En primer lugar, los pueblos tienen que pagar la factura de una fiesta a la que no fueron invitados y donde se farrearon los recursos que tenían; pero lo peor fue que gastaron mucho más que sus ingresos, por tanto se endeudaron hasta llegar al punto de una cesación de pagos. Sin embargo, la comunidad internacional dijo que la deuda era “soberana”, de allí que ningún Estado podía desconocerla. 

En segundo lugar, se aplicaron políticas de austeridad, en el marco del Plan Baker de ajuste fiscal, para reanudar los pagos, consistentes en reducir el gasto fiscal, obtener un elevado superávit primario (antes de pagar intereses) y recortes en la inversión social. Medidas que al contrario de lo esperado profundizaron la crisis, al contraer la demanda, el producto, los ingresos fiscales y el empleo. Así, por más ajuste que se haga, como fuertes devaluaciones, el problema de fondo no se resuelve hasta que no se logre postergar y reducir significativamente la deuda.

En tercer lugar, se iniciaron tímidas renegociaciones de la deuda, algunos alivios hasta que después de una década de tiempo perdido se planteó la reducción significativa. En ese entonces se emitieron los Bonos Brady, llamados así por el apellido del Secretario del Tesoro de EEUU, cuando se dieron cuenta que los problemas de los países para hacer frente a sus obligaciones no eran temporales y sus deudas no serían amortizadas. El plan, formulado en marzo de 1989, consistía en un canje de la vieja deuda por una nueva con garantía y un recorte parcial entre el 30% y 50%. Se emitieron así $us 150 mil millones. Para los países pobres más endeudados (HIPC por sus siglas en inglés) se realizaron distintas modalidades de reducción hasta la quita final a partir de 2000, mediante los alivios de la deuda tanto bilateral (de gobiernos), como multilateral.

En 2001, Argentina enfrentó una crisis de deuda junto a un proceso inflacionario, donde tuvo que abandonar la paridad del peso argentino con el dólar y luchar contra los “salvatajes” del FMI, con diagnóstico equivocado y peores recomendaciones de política. Después de caer en default (incumplimiento de pagos), tuvo que renegociar con sus acreedores su deuda externa en bonos internacionales, con una reducción significativa y sin garantía. Treinta años después todavía se insiste para enfrentar el problema de Grecia, y posiblemente de España, en aplicar las mismas medidas, con solo renegociaciones parciales de deuda, basadas en ajuste fiscal, préstamos del FMI y fuertes recortes del gasto fiscal que provocaron una mayor recesión.

La diferencia con América Latina es que Grecia tiene compromisos comunitarios como el euro y no puede hacer fuertes devaluaciones. Tampoco podría hacer un desconocimiento unilateral de la deuda, ya que gran parte de los acreedores son los bancos de la propia eurozona, cerca de $us 60.000 millones. Si la banca europea tiene que descontar una reestructuración en sus libros se abre la brecha de otra crisis bancaria, como ha recordado el BCE, donde lo de menos sería la quiebra griega. Así, pareciera que se está buscando que Grecia salga de la zona del Euro y aplique una política a la latina, a la Argentina.

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