Columnistas

‘El duende’ de Oruro

Desde hace varios años se aparece en mi casa El duende, un suplemento cultural de Oruro.

La Razón / Homero Carvalho Oliva

00:00 / 02 de septiembre de 2012

Desde hace varios años se aparece en mi casa de Santa Cruz de la Sierra un duende que llega de Oruro. No se trata del pequeño ser sobrenatural del que hablaban nuestros mayores, sino de un suplemento cultural de la Capital del Folklore que ya ha llegado a sus 500 números. En la primera época fue dirigido por un equipo integrado por los poetas Alberto Guerra Gutiérrez, Eduardo Kunstek y Edwin Guzmán.

Alberto, un gran poeta y amigo, nos dejó hace varios años. Recuerdo que lo conocí gracias a mi padre, Antonio Carvalho Urey, de quien heredé el gusto por la lectura y, también, a algunos de mis más entrañables amigos. De entre estos últimos se destaca Alberto Guerra, a quien bastaba conocerlo para quererlo. Recuerdo que allá por 1973, cuando yo tenía 16 años y vivía en la ciudad de La Paz, llegó mi padre de Trinidad de paso a Oruro, “vas a conocer a un yatiri”, me dijo, y yo me fui con él a esa ciudad de nombre palindromático, seguro de que iba a conocer un brujo del altiplano.

Años después, en 1991, viajamos con Alberto a Suecia, invitados por un grupo de escritores bolivianos radicados en ese país. Fuimos a Estocolmo, luego a Oslo y de allí a Florencia. En ese viaje conocí la profunda dimensión humana del poeta, no había que rogarle para que declame sus poemas románticos que sabía de memoria. Luego de ese viaje mi admiración por el yatiri orureño se convirtió en un culto a la amistad. Siempre que podía lo llamaba por teléfono y entablaba largas conversaciones con él.  

Alberto se fue y me heredó la amistad de Luis Urquieta, un notable escritor que, junto a otros artistas de la palabra y la imagen, sigue invocando a El duende cada 15 días. Don Lucho, Julia Guadalupe García, Benjamín Chávez y Erasmo Zarzuela, son los responsables de la segunda época de este suplemento cultural. Don Lucho y Julia Guadalupe no se olvidan de este aprendiz de cronista y periódicamente me remiten El duende. Cada vez que lo recibo es como si me visitara Alberto Guerra, entonces me apuro a abrir sus páginas y me dispongo a conversar con él sobre los autores y los pintores que, generosamente, trae que en cada publicación.

Los responsables de este suplemento quincenal, que tengo coleccionado, son espléndidos y publican no solamente a autores nacionales, jóvenes y consagrados, también lo hacen con escritores extranjeros, en un permanente diálogo intercultural. El duende, en sus ocho páginas, posee secciones fijas como El dulce vicio de escribir, La máquina del tiempo, Milagros de la pintura Bolivia y El músico que llevamos adentro.

En el número 500 más de 15 escritores escribieron homenajeando y reconociendo la labor de sus editores. Uno de ellos, que firma con el seudónimo de Tambor Vargas, refiriéndose a lo difícil que es sostener en Bolivia este tipo de suplementos culturales, afirma: “Como siempre, este tipo de combates tiene su Quijote. En este caso, el Ing. Luis Urquieta, tan discreto como eficaz”. Doy fe de esta afirmación y le deseo larga vida al duende de Oruro.  

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