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¿Será duradero el impacto de Modi?

Modi nació en una familia pobre y de casta inferior, lo cual es considerado el peor destino en India

La Razón (Edición Impresa) / Fareed Zakaria

03:45 / 18 de octubre de 2014

El nuevo primer ministro de India, Narendra Modi, irradia confianza. Consiguió la primera mayoría absoluta en el Parlamento de India en 30 años. El público lo alaba, los líderes mundiales lo solicitan, y la bolsa de valores de Bombay continúa subiendo vertiginosamente. ¿Podrá este momento de euforia convertirse en beneficios duraderos? ¿Podrá la India transformarse en el próximo portento económico?

El mes pasado Modi realizó su primera entrevista como primer ministro en su nueva casa de Nueva Delhi. Allí tuve la oportunidad de manifestarle las dudas que acabo de mencionar. A pesar de ser extremadamente inteligente y centrado, Modi es diferente respecto a la mayoría de los líderes que conozco. Su visión del mundo no ha sido moldeada por una escolaridad formal, sino que se debe en gran parte a su experiencia. Modi nació en una familia pobre y de casta inferior, lo cual es considerado el peor destino en India. Dejó su casa a los 17 años y pronto se involucró en la política, uniéndose al Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS), un grupo nacionalista hindú de línea dura. Poco tiempo después obtuvo sus títulos de licenciatura y máster. Sin embargo, ciertamente su educación real procede de sus viajes por la India.

El actual Primer Ministro indio relató las miles de aldeas que visitó como jefe de gobierno en el estado de Gujarat, en un periodo en el cual Gujarat crecía tan rápido como China. Este sentimiento acerca de cómo la gente realmente vive lo anima. Modi es un apasionado de la limpieza y ha iniciado una ambiciosa campaña para construir baños en casas, colegios y en otros lugares. El 15 de agosto, en su discurso en el Día de la Independencia, el Mandatario habló claramente por encima de los muros del fuerte rojo en Nueva Delhi acerca de la vergüenza de que un gran número de indios defeque en público. Cualquier primer ministro anterior hubiera considerado que este tema no le compete. Pero los indios aman su enfoque realista.

Durante la campaña electoral, Modi dio un giro particular al asunto de la limpieza. Explicó que India necesita en primer lugar baños, y en segundo lugar, templos. Dado que Modi es considerado un nacionalista hindú ardiente, esta fue una declaración significativa. La plataforma de su partido todavía contiene planes para construir un templo en Ayodhya en el terreno en el que había una mezquita que fue destruida, un tema que fue un extremo causal de divisiones en el país.

De acuerdo con nuestra conversación, me da la impresión de que Modi es demasiado astuto como para distraerse en el simbolismo nacionalista que descarrilaría su agenda en crecimiento y lo enredaría en una serie de controversias que no está buscando.

El Primer Ministro también ha tenido un hábil manejo en el ámbito internacional. Cortejó a Japón y criticó suavemente a China; luego dio marcha atrás y se adhirió a Pekín, y obtuvo grandes inversiones de ambos países. Es francamente proestadounidense y parece no esconder mala voluntad hacia Washington por haberle negado la visa por casi una década. Sin embargo, no ha abandonado a Rusia, el aliado de India, y eligió permanecer en silencio respecto a su rol en el actual conflicto que vive con Ucrania.

Sorprendentemente, Modi tuvo un bajo rendimiento en su competencia central: la economía. Ha sido lento en anunciar grandes reformas. Su primer balance fue decepcionante y muchos de sus nombramientos en el gabinete financiero fueron moderados. Todos aquellos que esperaban grandes cambios en las subvenciones, en la política comercial o en las restricciones del mercado están desilusionados.

Su agenda de reformas paralizada podría, en efecto, ser el resultado de la gran fortaleza de Modi: su pragmatismo. Sus ideas acerca de la economía no están moldeadas por teorías del mercado y el comercio libre. Él no es Ronald Reagan o Margaret Thatcher. Modi desea que las cosas funcionen. Si los mercados pueden hacerlo, bien. Si el control del Gobierno le proporciona una mayor cantidad y mayor rapidez de oportunidades de cambio, también está bien. Modi fue defensor del (significante) proteccionismo en India y no se comprometería a privatizar las empresas estatales del país que son extremadamente ineficientes. Después de todo, me señaló que se volteó hacia las empresas públicas de Gujarat.

India tiene muchos obstáculos. Retrasar grandes reformas que son realmente necesarias podría volver a atormentar a Modi. Ruchir Sharma, líder de mercados emergentes para Morgan Stanley, estudió el destino de los líderes de las 20 democracias más grandes en las últimas dos décadas. El patrón es claro. Los líderes que llevan a cabo reformas difíciles con anticipación son recompensados en el futuro. Uno asume que esto es, en parte, debido a que poseen el capital político para realizar dolorosos cambios en su primer año.

En el segundo año, en aquellos países en los que los líderes han desperdiciado su “luna de miel” y postergado las reformas por mucho tiempo, los mercados retroceden, devolviendo la mayor parte de sus primeras ganancias. Sharma señala a Japón como el mejor ejemplo de un país en el cual la promesa de una reforma excedió la realidad. El primer ministro Shinzo Abe apoyó ávidamente a  aquellas políticas que eran populares, tales como el dinero fácil y el gasto público, pero nunca siguió de cerca severas reformas estructurales. Como consecuencia, el crecimiento y rendimiento del mercado de valores en Japón ha sido tibio.

La “luna de miel” de Modi ya está llegando a su fin en su hogar. De manera sorprendente, su partido fue deficiente en una serie de elecciones parciales. Sería una extraña ironía si el problema con Narendra Modi no resulta ser que es demasiado audaz, sino que no lo es lo suficiente.

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