Columnistas

Otra economía, pero mismas medidas

No es prudente aplicar las mismas medidas ejecutadas cuando la economía estaba en otra situación

La Razón (Edición Impresa) / Armando Álvarez Arnal

00:00 / 08 de mayo de 2016

Con los incrementos del 6% al salario básico y del 9% al mínimo nacional recientemente acordados entre el Gobierno y la Central Obrera Boliviana, en los últimos nueve años (2007-2015) el salario básico se ha incrementado un 70%, y el salario mínimo nacional, un 180%; a los que debe sumarse el pago de un segundo aguinaldo en los últimos tres años. Es indudable que para contar con un mercado interno más grande es necesario que la población mejore sus ingresos, el problema es que las únicas empresas que asumen esos mayores costos salariales son las formales, y en los pasados años han podido hacerlo debido a que la situación económica del país y la mejora en los ingresos de la población les ha permitido mejorar sus ventas.

Sin embargo, esta situación ha venido cambiando en los últimos dos años, ya que los ingresos de muchas de las empresas se están reduciendo. En el caso de las empresas exportadoras, por la caída de la demanda y precios de los bienes que exportan, y en el caso de las empresas que no exportan, por la competencia de productos importados de países cuyas monedas se han depreciado frente al dólar y también frente al boliviano, que se mantiene fijo desde 2011.

Un escenario de menores ingresos con pocas probabilidades de mejorar en el corto plazo y mayores costos no deja precisamente a las empresas nacionales formales, que generan empleos de calidad y cumplen con sus obligaciones fiscales y sociales, en una deseable posición. Además, en un contexto en el que los productos importados resultan más baratos que los nacionales, es altamente probable que una buena parte del aumento salarial recientemente determinado se destine a la compra de bienes importados, con lo que el beneficio de ese incremento para las empresas nacionales formales será ínfimo. En el pasado, cuando el tipo de cambio era favorable, una buena parte de los incrementos salariales seguramente se destinó a la compra de productos nacionales, pero esa ya no es la situación. En todo caso, quienes seguramente aprovecharán esta oportunidad serán los comerciantes, principalmente los informales. Por supuesto que una mayor demanda por productos importados incrementará las importaciones, lo que podría acentuar el déficit comercial y la caída de las reservas internacionales que se vienen registrando persistentemente en los últimos meses.    

La situación resulta más preocupante cuando en los dos últimos años se han implementado medidas para que las instituciones financieras presten prioritariamente los ahorros del público a las empresas del sector productivo, justamente aquellas cuyos ingresos se están reduciendo y sobre las que recaen los mayores costos salariales; situación que pone en peligro su sostenibilidad y capacidad para honrar en tiempo y forma los financiamientos que les han sido otorgados, y consiguientemente pone en duda la pertinencia de que se les siga prestando recursos. Sin embargo, por normativa, las instituciones financieras están obligadas a alcanzar niveles mínimos de cartera para el presente y los dos próximos años, que deben ser colocados en los sectores productivos y de vivienda de interés social. 

Una significativa caída en las exportaciones, que implica menores ingresos en la economía; creciente déficit comercial; constante caída de las reservas; creciente déficit fiscal y un menor crecimiento son suficientes señales de que la situación económica del país ha cambiado y que por lo tanto no es prudente continuar aplicando las mismas medidas implementadas cuando la economía estaba en otra situación. 

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