Columnistas

Las empresas estatales

Mantener separadas las demandas políticas de la gestión empresarial es esencial para el éxito

La Razón / Pablo Rossell Arce

00:12 / 17 de mayo de 2012

Con el relajo que nos acaban de dejar los compañeros del auto-transporte —menos del 9% de la Población Económicamente Activa (PEA), según el INE— más los universitarios (que, definitivamente no trabajan, por lo tanto los excluyo de la PEA) y la COB (¿15% de la PEA?), casi nos olvidamos que mayo empezó nuevamente con una nacionalización. Matemáticamente, tres cuartos de la población trabajadora, en manos de una bochinchera pero eficaz minoría. Eso es peor que ser bloqueados teniendo dos tercios de mayoría. Para repensar las estrategias y tácticas, che.

Pasando a lo nuestro, comparto con ustedes algunos aspectos de una muy interesante reseña histórica realizada por  Francisco Flores-Macias y Aldo Musacchio (http://hir.harvard.edu/the-return-of-state-owned-enterprises) acerca de las empresas estatales: El capitalismo y la empresa estatal han convivido desde hace mucho tiempo (de la manera más normal, añadiría yo).

Los gobiernos de los países más desarrollados, medianamente desarrollados y menos desarrollados han optado en momentos muy tempranos de su historia por contar con empresas estatales. En Europa, las empresas estatales fueron anteriores a la fundación de los partidos socialistas.

Luego de la II Guerra Mundial, en Europa y Japón se vieron olas de nacionalizaciones y las empresas estatales fueron encargadas de gestionar el acceso a recursos estratégicos (¿suena familiar?).

El entorno de protección y de escasa o nula competencia contribuyó a que muchas empresas estatales degeneraran, con el tiempo, en entidades parasitarias. En los últimos 20 años, las empresas estatales enfrentaron un entorno que les obligó a ser más transparentes en su gestión, a depender menos de los subsidios estatales y a lograr estándares mínimos de competitividad, entre otros avances.

En resumen: contar con empresas estatales en sectores estratégicos no representa ninguna anomalía para ningún modelo de desarrollo; contar con empresas estatales para el control de recursos estratégicos es un mecanismo ampliamente usado para fines de desarrollo económico; y, las empresas estatales de hoy son cualitativamente distintas a las de la segunda mitad del siglo XX, porque están más expuestas al mercado pero también —lo más importante— al escrutinio público.

¿Qué hace la diferencia para que una empresa estatal sea exitosa? Para no hablar de memoria, acudo a un interesante aporte de Steffen Hertog, que ha revisado la trayectoria de varias empresas estatales en los países del golfo que son ricos —corrijo: riquísimos, riquininísimos— en hidrocarburos. Pues bien; Hertog nos dice que mantener separadas las demandas políticas de la gestión empresarial es un elemento importante para el éxito.

Otro factor ampliamente reconocido es el referido a la “gobernanza” de las empresas estatales; es decir, a la estructura institucional que es responsable de transmitir las orientaciones políticas, que vienen del gobierno, y convertirlas en decisiones empresariales, que implican cálculo de costos y beneficios.

Para finalizar, quisiera dejar una pregunta que me ha dado vueltas la cabeza últimamente, nomás para dejar en la mente de mis lectoras/es: ¿ser más estatista en América Latina es ser más de izquierda?, ¿menos de derecha? o más bien ¿significa consolidar un tejido nacional-popular?

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