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Hasta encontrarlo

El encontrar a un nieto arrebatado por la dictadura es una victoria para toda América Latina

La Razón (Edición Impresa) / Lucía Sauma

00:22 / 07 de agosto de 2014

Treinta y seis años tuvieron que pasar para que Estela de Carlotto, presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, encontrara a su nieto. Durante todo este tiempo se empeñó en buscarlo, tras enterarse que su hija Laura dio a luz en prisión a un niño que le fue robado a las pocas horas de nacer por los militares que entonces gobernaban Argentina. Luego la mataron y pasó a formar la lista de los 30.000 desaparecidos de la dictadura. Estela, que hasta entonces era maestra y ama de casa, se dedicó a buscar a su nieto ayudando a otras abuelas, colaborando a juntar otras vidas.

El encontrar a un nieto arrebatado por la dictadura es una victoria para toda América Latina, para todos los que tienen como única arma la memoria. Es un verdadero homenaje para esas cientos de mujeres que dieron a luz en prisiones clandestinas en los años 70 y principios de los 80 después de ser torturadas y desaparecidas por pensar y querer un mundo diferente. Sus familiares, como en el caso de Estela, ni siquiera sabían que estaban embarazadas, se enteraron por otros compañeros y desde entonces se dieron a una tarea que parecía imposible, hasta que en 1985 apareció la primera nieta, Carla Graciela Artés.

Es una muestra de lo invencibles que son los que persiguen la verdad. No pudieron acabar con los padres, con los hijos ni con los nietos. Es la fuerza del amor frente a la extrema crueldad con que actuaron los que se impusieron a fuerza de torturas y muerte. Es el resultado al esfuerzo que ponen las personas que han consagrado su vida a la convivencia basada en valores de justicia, solidaridad y tolerancia.

El encuentro de este nieto, como el de los otros 113 y como todo acto de justicia, es una enseñanza para las generaciones de niños, adolescentes y jóvenes, es decirles con hechos que la grandeza de una vida no se mide por la cuenta bancaria o los títulos universitarios que tenga una persona. Es dejar constancia de que la vida es una búsqueda tenaz de felicidad y que solo es posible cuando es compartida, porque no existe  sin los otros, sin los semejantes.

Hace cuatro años, Estela de Carlotto, una abuela lúcida y tenaz de 84 años, escribió una carta a su nieto, entonces todavía desconocido: “¿Cómo se puede querer tanto a alguien sin conocerlo, sin saber qué siente, cuándo ríe, por qué sufre? Trato de imaginarme tu cara. Le pruebo bocas, ojos, gestos. Naciste un 26 de junio de 1978... hace 32 años que te llamás Guido y yo te extraño”. El nieto de Estela es músico y este año escribió una canción dedicada a la memoria: “El ejercicio de no olvidar nos dará la posibilidad de no repetir”. Este reencuentro después de 36 años es un abrazo con la vida que lo compartimos todos.

Es periodista.

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