Columnistas

La enrevesada consulta no tan previa

No sabemos aún cómo evolucionará esa consulta no previa sino a posteriori, mandada por un nueva ley...

La Razón / Xavier Albó

00:17 / 19 de febrero de 2012

No sabemos aún cómo evolucionará esa consulta no previa sino a posteriori, mandada por un nueva ley, inconsulta para muchos al haber sido consultada sólo con un sector afín que participó en una contramarcha apoyada por el Gobierno, acerca de una carretera ya decidida sin consulta previa, en un asunto que afecta a los pueblos y naciones indígenas dueños del territorio; quienes unos meses atrás ya habían marchado para oponerse a su construcción por no haber sido previamente consultados como manda la Constitución Política del Estado, promulgada por ese mismo Gobierno; y que, después de haber sido descalificados y físicamente reprimidos por éste pero no vencidos, llegaron finalmente a La Paz, con un apoteósico recibimiento, y lograron arrancar del Gobierno una ley concertada con ellos, que prohibía la construcción de la controvertida carretera por el corazón intangible de su territorio y parque nacional. ¡Punto! ¡Ahhh! ¡Respiremos! Y volvamos a releer el párrafo anterior una y otra vez hasta digerirlo. Bueno, en realidad no es tampoco un punto final sino solamente puntos suspensivos…

No pretendo imitar a García Márquez que escribió uno de sus textos antológicos encajonándolo dentro de una larguísima oración con un único punto final y tres puntos a parte. Pero de deliberadamente he redactado ese párrafo inicial de una manera larga y enrevesada para reflejar lo largo y enrevesado que es el juego de intereses en conflicto y el tira y afloja de negociaciones en el TIPNIS. No sé si calificarlo de trabalenguas sobre las palabras “consulta” y “previa”, de rompecabezas, trabaleyes, rompeleyes, engañabobos o qué. Quizás es simplemente un ejemplo más de nuestra chicanería política criolla, experta en emborrachar la perdiz y acomodar la letra de las leyes a los intereses de cada uno.

Si la consulta sólo fuera sobre el reglamento de la ley corta ya aprobada, en el que ya se estaba trabajando de manera concertada, sí sería una consulta previa y muy útil. En diciembre coincidimos en eso en un panel con el senador del MAS Adolfo Mendoza. Pero las cosas han ido por otro camino, como también la marcha o contramarcha del Conisur, patrocinada por el Gobierno, que fue por otro camino y con otros actores, porque lo que obviamente busca es deshacer lo ya hecho.  Por lo menos el resultado no fue tan descarado como habría sido dictar una nueva ley que derogara la anterior. Pero es comprensible que quienes ha-bían participado en la primera marcha y en las negociaciones para la ley corta y su reglamento, desconfíen por sospechar que sigue habiendo gato encerado

¿Cómo podríamos ahora bajar la guardia? ¿Cómo podremos meternos en el pellejo del otro para intentar destrabar el hilo del ovillo e intentar concertar de manera desapasionada una solución que sin ser la victoria o la derrota total de uno u otro bando permita una convivencia intercultural viable? Desde el Gobierno, una condición indispensable para recuperar su credibilidad es que no maniobre la consulta, como ha ocurrido hasta ahora. Desde los protagonistas de la primera marcha quizás deberán trabajar a dos manos: sin descartar la presión de una IX marcha, a la vez deberán intensificar mucho la deliberación interna con todas sus bases.

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