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Las enseñanzas de los oblatos por Erbol

Durante 50 años, la base de la labor de Erbol ha sido educar para la liberación y la toma de conciencia.

La Razón (Edición Impresa) / Nelson Martínez Espinoza

00:00 / 22 de julio de 2017

El 18 de julio, Educación Radiofónica de Bolivia (Erbol), la red de información más completa del país, cumplió 50 años de labor incansable, haciendo eco lo que sus mentores constituyeron como su principio fundamental: educar para la liberación y la toma de conciencia. El epicentro de esta iniciativa se encuentra al norte de Potosí, en la región minera de Catavi, Llallagua y Siglo XX. La radio Pío XII, que en la década de los 50 se levantó en el seno de una parroquia de muros de piedra, fue y sigue siendo hoy la radio minera que testifica “el coraje del pueblo”.

Los sacerdotes oblatos de María Inmaculada procedentes de España, Estados Unidos y Canadá fueron encomendados a traer el Evangelio y “liberar” a los trabajadores mineros del alcoholismo y del comunismo.

Para los presbíteros extranjeros era inconcebible hablar de Dios mientras se derrochaba dinero en grandes fiestas que duraban días, con ingente cantidad de chicha, música y baile. Pero cuando decidieron sacar los santos de los altares, la gente amenazó con no volver a misa. Al final, los sacerdotes terminaron evangelizados por el pueblo minero, gracias al Concilio Vaticano II y los documentos episcopales de Puebla y Medellín, base de la teología de la liberación.

La radio Pío XII, que inició con un discurso sancionador a las costumbres y tradiciones de los mineros, se convirtió en el instrumento para defender a los pobres. También se constituyó en el faro libertario de denuncia de la injusticia y resistencia a la dictadura militar de entonces. En cuatro ocasiones los sacerdotes oblatos tuvieron que reconstruir la emisora luego de que gente armada destrozara los equipos para silenciarla.

Si bien La Paz está a más de 300 kilómetros de los centros mineros antes mencionados, las radios mineras informaban al país gracias al trabajo de periodistas y sacerdotes que traducían del inglés o francés los reportes de los corresponsales extranjeros que enviaban sus despachos desde la plaza Murillo. Este acto heroico fue conocido mundialmente como la red de defensa de la democracia, protagonizada por las radios mineras. Fue un ejemplo de valor y dedicación, porque organizaban la resistencia y la rebelión.

Fue el pensamiento de Paolo Freire el que dio un nuevo sentido a las radios mineras, de la mano del padre Gregorio Iriarte. “La Pío”, con los mejores locutores y periodistas del país, se dedicó a enseñar y educar para transformar la realidad. El padre Iriarte, arriesgando “el pellejo”, logró que mineros como Irineo Pimentel, Filemón Escobar y Federico Escobar escaparan de las garras de los militares. Muchos le deben la vida a aquel humanista entregado a Dios, quien no escatimó esfuerzos por salvar vidas.

De esa dura experiencia, Iriarte dedicó el resto de su vida al estudio incesante de los análisis críticos de la realidad, traducidos en libros con miles de copias vendidas en el país y en el exterior. Aquel sacerdote no se conformó con darle educación a los pobres para que nunca más los patrones los engañen y sepan reclamar un salario justo, también enseñó el camino para alzar la voz frente a la injusticia, decir la verdad y denunciar la corrupción.

A 50 años de ese heroísmo y desprendimiento, la red Erbol no tiene otro camino que seguir las enseñanzas de esos hombres y mujeres que dieron sentido a las minas y al país, desde las cabinas de la radio que nos cuenta todos los días cómo está hoy Bolivia.

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