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En ese entonces...

Cuánta sangre, cuánta gente, cuánta historia, cuántos sueños, cuánta esperanza desde ese abril de 1975

La Razón (Edición Impresa) / Lucía Sauma

02:12 / 28 de mayo de 2015

Hace 40 años, el 30 de abril de 1975, en la esquina de la avenida Camacho y la calle Ayacucho (en pleno centro paceño), eufórico me detuvo Pedro Condo, estudiante de periodismo, izquierdista, apasionado en sus ideas, y me dijo: “Hay que festejar, pues ha terminado la guerra de Vietnam y les han ganado a los gringos”.

A la noticia le sucedieron días de debate, de largas charlas clandestinas, porque eran épocas de dictadura. Las conclusiones eran claras, los vietnamitas habían ganado porque lucharon para defender su tierra, su independencia. Los soldados estadounidenses, a miles de kilómetros de su país, ya no entendían para qué mataban, para qué morían, retornaban a sus casas convertidos en psicópatas, drogadictos, mutilados. Se suicidaron 15.000 tras su regreso a EEUU. Todavía en 1987, durante un viaje de trabajo a Washington, vi y escuché a los excombatientes, vistiendo uniforme, pedir one penny please a la salida del metro en Dupont Circle.

En nuestro país, el 8 de febrero de ese mismo año se había producido el “abrazo de Charaña” entre los dictadores Hugo Banzer y Augusto Pinochet. Bolivia y Chile reanudaron relaciones y se reiniciaron las negociaciones marítimas, hasta verse frustradas en 1978.

Para abril de 1975 ya se había diseñado el Plan Cóndor, por el cual las dictaduras de Bolivia, Chile, Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay trabajaron coordinadamente en el intercambio de presos y el uso de la represión durante las décadas de los 70 y 80. En ese tiempo se abrieron las celdas del Departamento de Orden Político (DOP) en lo que ahora es la entrada lateral del Congreso, sobre la calle Comercio; las celdas del Ministerio del Interior (hoy de Gobierno), y las del Cuartel de Viacha, con el propósito de interrogar y torturar a quienes pensaban de manera diferente a los intereses del dictador.

Mientras tanto, los dirigentes obreros, los trabajadores de las minas, las amas de casa mineras y los defensores de los derechos humanos se preparaban para recuperar la democracia. Las protestas no paraban a pesar de la represión, del congelamiento de los salarios, de la censura a cualquier manifestación que tenga que ver con la libertad de pensamiento o expresión, a pesar de las masacres de Tolata y Epizana en 1974. El ansia de libertad era mayor que cualquier adversidad. La iniciativa vino de cuatro mujeres mineras, quienes decidieron declararse en huelga de hambre en diciembre de 1978 y no pararon hasta reconquistar la democracia.

Vietnam aún se reconstruye. América Latina, Bolivia, viven en democracia. Cuánta historia, cuánta sangre, cuánta gente, cuántos sueños, cuánta esperanza desde ese abril de 1975.

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