Columnistas

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Villagómez

23:32 / 19 de noviembre de 2018

Importantes equipamientos de intercambio, los mercados en las ciudades son emblemáticos y de gran afluencia ciudadana. Tanto como edificios o como espacios exteriores, estos equipamientos se han desarrollado a lo largo de nuestra historia urbana con diferencias tipológicas claramente discernibles. Por ejemplo, en La Paz conservamos algunos tambos patrimoniales de la época colonial que cumplen una importante función en la cadena de distribución alimenticia. A ello se suman los edificios-mercado que más conocemos en el imaginario urbano: los construidos a principios del siglo XX. Algunos se conservan deteriorados, y otros han sido reconstruidos sin un diseño afortunado y son mudos testigos de nuestra manía por ser modernos a rajatabla: v.gr. el Lanza o el Camacho.

En estos tiempos posmodernos y de dinero a borbotones han aparecido otro tipo de mercados: el mall o el supermercado a la usanza gringa. Espacios alineados de anaqueles y letreros donde sacas productos y pagas en caja sin decir ni pío, sin ese fundamental intercambio social que existía antes. Cuando el supermercado está dentro de un mall, te rodean tiendas de marca y patios de comida que auguran sobrepesos y demás desarreglos de las futuras generaciones.

Pero existen alternativas al inevitable cambio de tipologías. Una de ellas está en la ciudad de Tarija. Deben visitar el Mercado Central de esa ciudad y constatar que un mercado puede ofrecer calidad de vida. Aquel mercado tiene esa cualidad por dos razones. Por un lado, exteriormente es un edificio correctamente diseñado para integrarse a una zona patrimonial. Replicaron, en lenguaje moderno, su fachada original y la desarrollaron en tres niveles y sótano sin afectar (con una altura desmesurada) el contexto urbano donde se encuentra que está próximo a la plaza principal.

La segunda razón es su interior. Tienes un espacio central amplio y lleno de luz natural que ilumina sus tres niveles que se comunican por ascensores, escaleras mecánicas y escaleras normales. Todo es cómodo e higiénico por la acertada selección de materiales. En la planta baja tienes carnes, legumbres, frutas, abarrotes. Y en los pisos superiores está su afamado “patio de comidas”. En ese segundo nivel se conservan las delicias culinarias tradicionales de la tierra chapaca (famosas desde siempre), dotadas de comodidades contemporáneas.

Se trata, pues, de un equipamiento discreto pero efectivo, para todos y todas sin excepción, sin alardes arquitectónicos desmesurados, y que responde a las necesidades actuales preservando la idiosincrasia, los valores culturales, brindando calidad de vida a una ciudad feliz.

* Arquitecto.

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