Columnistas

¿Por esito?

Lo que nos duele es que nuestros propios hermanos y compañeros sean nuestros represores

La Razón (Edición Impresa) / Julieta Paredes

09:26 / 27 de noviembre de 2016

Cómo es posible que nuestros propios compañeros de vida, nuestros padres, esposos y hermanos nos violen, nos abusen siendo niñas o mayores! ¿Por qué esa crueldad, impunidad y cinismo hacia nosotras? Y la pregunta nos hacemos desde el lugar de la lucha revolucionaria de las mujeres, no desde la victimización; desde el lugar de las ideas, el amor y las propuestas de mundo que conmueven nuestros corazones. La pregunta es el reclamo de las hermanas y compañeras a los hermanos y compañeros.

A lo largo de la historia, el sistema patriarcal ha desarrollado muchas armas de control y exterminio de la vida, empezando por el control y la violencia hacia los cuerpos de las mujeres. Una vez probada la efectividad de esta arma y su impunidad, se legitima socialmente y se legaliza institucionalmente, para luego, proyectarse hacia los hombres, hacia los pueblos y territorios, y hacia nuestra hermana y madre naturaleza. Entonces el patriarcado, como sistema de todas las opresiones y dominaciones, ha creado a los ejércitos, las leyes, las religiones, la Policía, las dictaduras, la represión y la discriminación para controlar, con la violencia, al proletariado que denuncia la violencia económica, a los pueblos que piden participación en las decisiones políticas, a los pueblos indígenas que pedimos reconocimiento y denunciamos el racismo... a los pueblos y países que defendemos los recursos naturales.

Pero este patriarcado necesita de un instrumento efectivamente cotidiano en las casas y en las camas, un arma efectiva que pueda controlar la base de la reproducción de este sistema de muerte, de esta explotación, de esta dictadura del capital y las transnacionales. Esa arma es el machismo, que son las conductas y formas de pensamiento que instauran social y simbólicamente la idea de que las mujeres somos inferiores a los hombres, y que por lo tanto deberíamos aceptar nuestra supuesta inferioridad. Este instrumento cotidiano funciona de la misma manera en que las armas públicas del control y represión llegan a matar a quien se rebela o quien no cumple con las exigencias patriarcales y machistas del sistema.

Lo que nos duele es que nuestros propios hermanos y compañeros, lo mismo que los mercenarios, sean nuestros represores, nuestros violadores y femicidas, a cambio de un miniprivilegio que es el hecho de ser servidos por las mujeres; por ese gustito de que siendo jodidos por este sistema puedan ellos sentirse patroncitos por unos minutitos. Por ese minipodercito traicionan a la comunidad, traicionas los sueños de las familias, traicionan a la revolución, a los sueños de construir otro mundo sin opresiones. ¡Por esito se venden!

Convocamos a nuestros hermanos y compañeros a desobedecer al patriarcado y al machismo. Los convocamos a pelear y luchar coherentemente contra el sistema patriarcal de opresiones. Los convocamos a liberarnos juntos y de verdad a no hacerse cómplices del dolor de la humanidad y la naturaleza. ¡Los convocamos, hermanos y compañeros, a construir el vivir bien de la humanidad y la hermana naturaleza!

Es feminista comunitaria.

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