Columnistas

La espuma de la responsabilidad social

La ‘responsabilidad empresarial’ de la Cervecería es tan destructiva como da-ñino es su producto

La Razón / La que nos cante - Cergio Prudencio

02:05 / 04 de noviembre de 2012

La mayor industria cervecera del país ha presentado su campaña denominada “Consumo responsable”. Como fácilmente se puede observar, casi toda la estrategia de mercadeo de esta bebida alcohólica apunta a nuestros muchachos. Su publicidad recrea situaciones propias de jóvenes, con jovencísimos modelos (hombres y mujeres por igual), en mensajes que promueven facilidades para el buen beber y beber, y fomentan el consumo como si de una inocente bebida se tratara.

La ocupación de espacios publicitarios es de rango invasivo. En las inmediaciones de universidades y colegios, éste y otros productos igualmente nocivos se promocionan abiertamente. La distribución y venta ponen cerveza prácticamente en labios de adolescentes y niños. ¿Qué vale la “prohibición” para menores de 18 años, cuando toda la cadena productiva los está atrapando?

La campaña asume que los chicos beben hasta embriagarse, por lo que se limita a recomendarles: “Si bebes, toma un taxi”. Lo hace “bajo el compromiso de evitar que los jóvenes consuman alcohol y conduzcan vehículos”, según reza en sus argumentaciones, otorgándole el título de “héroe” a quien así proceda. El concepto “consumo responsable” adquiere así —por decir lo menos— connotaciones cínicas, porque en el fondo se está validando la embriaguez, lejos de cuestionarla.

En esa misma lógica, la compañía en cuestión vuelve a remitirse a nuestros chicos, esta vez bajo el lema “Conductor designado”, en la premisa de que beban y beban y no dejen de beber, todos, menos uno, el que conduzca el automóvil, para quien la industria le tiene reservado un nuevo producto “de baja graduación alcohólica”... Desvergonzado. Y todo esto al amparo de lo que hoy se llama “responsabilidad social”, un concepto que algunas empresas privadas han incorporado en sus acciones institucionales como compensación mínima a la sociedad. En el caso que nos ocupa, esa “responsabilidad empresarial” es tan destructiva como dañino es su propio producto.

El asunto es muy grave, porque el alcohol se ha infiltrado en las profundidades de nuestra sociedad. En todos los estratos sociales, la primera borrachera es hoy por hoy la verdadera carta de ciudadanía de los muchachos. Y la primera borrachera se da a una edad cada vez más temprana, sin distinción de género, constituyendo factor de presión social al cual sucumbe la inmensa mayoría de chicos y chicas, con tal de evitar la reprobación y el marginamiento grupal.

Se está disparando impunemente sobre nuestras reservas generacionales. Y más grave aun que este ataque abrumador es la indefensión en que nos encontramos. Una tragedia. Empresas privadas sin escrúpulos expandiendo mercados en población púber no es de sorprender. Lo que sí sorprende es la ausencia de un Estado regulador que proteja a la ciudadanía, en particular a los más vulnerables.

¿Por qué sigue siendo lícito promover un producto tan nocivo como el alcohol? ¿No acarrea acaso tantos estragos como las drogas? ¿Qué batalla legal perdió el tabaco que el alcohol ganó? ¿Por qué? Hechos cotidianos ponen en evidencia el impacto del alcohol en la vida de nuestras ciudades y campos. Dolor y luto de corto y largo plazo son frecuentes por su causa, con víctimas a menudo inocentes. Basta.

A quienes en tanta libertad lucran con ello hay que decirles que su “responsabilidad social empresarial” es agraviante.

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